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EFECTO PLACEBO

  • Foto del escritor: Germán E. González
    Germán E. González
  • hace 4 días
  • 3 Min. de lectura

Recuerdo muy claramente que en alguna ocasión mi mamá experimentó serios problemas para conciliar el sueño. Se intentaron varias alternativas para ayudarle, pero era frustrante el ver que ninguna hacía el efecto esperado y temíamos el uso de medicamentos muy fuertes, dado que, para ese tiempo, su estado de salud era bastante frágil.


Sumado a su dificultad para dormir, se agregaba el que las personas a su alrededor también pasaban muy mal en horas de la noche, dado que se quejaba e inevitablemente hacía ruido.


Un buen día se me ocurrió ir a la farmacia y comprar un medicamento muy suave, de uso pediátrico para tratar resfriados comunes. Al llegar a la casa le dije que un doctor, especialista en sueño, me había dado un medicamento muy fuerte, capaz de dormir un elefante y que era lo mejor que se encontraba en el mercado farmacéutico para las personas con dificultad para dormir.


Mi advertencia fue muy clara: “La primera noche debe tomar una pastilla completa y, a partir del segundo día debe tomar solo la mitad, en virtud del efecto tan fuerte que suscita.”

Mamá siguió las instrucciones de manera precisa y a la primera noche, según sus propias palabras, durmió como un bebé. A partir de la segunda noche ingirió solo media pastilla y su control del sueño mejoró considerablemente.


Lo que acabo de narrar es un claro ejemplo del efecto placebo, dicho de manera más sencilla, lo que sana en algunas ocasiones no es el potencial de una pastilla, sino hacerle creer al cerebro que el medicamento es la solución a un problema de salud.


En algunas ocasiones se utilizan comprimidos que contienen pequeñas cantidades de azúcar para contrarrestar algún tipo de dolencia y se ha llegado a demostrar científicamente que los resultados son muy positivos. Se juega con la premisa de que el organismo no necesita de un medicamento en particular, sino del impacto psicológico de saber que el comprimido que consume es la clave para solucionar su quebranto de salud.


Pero… ¿El efecto placebo implica solamente el uso de comprimidos que no son medicamentos reales?


No, el efecto placebo se puede ver reflejado en otro tipo de prácticas diferentes al uso de “medicamentos” que no lo son, pero otros factores como la empatía con el personal médico, cuando los profesionales de la salud transmiten confianza y seguridad, también tienen un efecto muy positivo en la recuperación del paciente.


El efecto placebo está respaldado por numerosos estudios que ratifican su alto grado de impacto en pacientes con síntomas de intestino irritable, por ejemplo. En casos aún más agresivos se han realizado cirugías simuladas de rodilla en donde no se llevó a cabo ninguna intervención real, sorprendentemente los pacientes manifestaron una reducción substancial del dolor y una mejora en la movilidad.



Si bien, no es ético engañar a las personas respecto del medicamento suministrado o la efectividad de un tratamiento, el efecto placebo nos recuerda la importancia de la innegable conexión entre la mente y el cuerpo. Para el caso, la sabiduría popular nos recuerda con relativa frecuencia que… “Mente sana en cuerpo sano.”


Algunas variables alternativas al efecto placebo son una actitud positiva y el aprendizaje de técnicas de respiración y relajación. En lo personal, como profesional en el campo del estudio del comportamiento humano, he verificado mediante comprobación empírica, el enorme beneficio que para los pacientes representa este tipo de técnicas.


También es importante que el personal de salud genere un ambiente de confianza que haga creer al paciente que, en definitiva, está en buenas manos. Los placebos no solo generan una respuesta mental, sino también una respuesta física, muy a pesar de que la ciencia no ha sabido explicar con exactitud el porqué.



Si bien es cierto, algunos ven la práctica como algo perjudicial, pero a la luz de la psicología podríamos remitirnos a la teoría del condicionamiento clásico de Iván Pavlov, en el caso de los placebos, el estímulo sería la medicina (o lo que percibe como medicina) y la respuesta sería el alivio de sus síntomas. Al fin y al cabo, hemos sido condicionados durante mucho tiempo a pensar que una medicina es lo que nos hace sentir bien.


Tal vez sería oportuno empezar a considerar muy seriamente que nuestro cerebro también tiene un enorme potencial para trabajar a favor de nuestra sanación y salud.



Germán Eduardo González

Psicólogo

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