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Salud mental, meditación y espiritualidad ¿son compatibles?

  • Foto del escritor: Germán E. González
    Germán E. González
  • 14 jul
  • 4 Min. de lectura
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Un pasaje bíblico que llama particularmente mi atención es el del Evangelio de Mateo, capítulo 26, versículo 40. En este, Jesús increpa a sus discípulos y les dice: “¿Será posible que no habéis podido velar una hora conmigo?”


Lo anterior sucede en un contexto de ansiedad extrema, en una situación álgida en la vida del buen Jesús, en un contexto de prueba, especialmente para él, que se aproxima a un momento particularmente difícil de su existencia, el de su propia muerte.


Desde mi perspectiva, llama mucho la atención la manera como Jesús enfrenta la dificultad, elevando sus plegarias y sumergiéndose en una dinámica de oración que le conecta con su Padre, al tiempo que consigo mismo. El buen maestro sabía que no se enfrentaba a cualquier cosa, había un complot en su contra, falsos testigos, pago de una alta suma de dinero para entregarle, la tensión se sentía en el ambiente.


Luego de dos mil años de esta trágica, pero esperanzadora experiencia, los seres humanos nos vemos agobiados por un sinfín de situaciones que atentan contra nuestra estabilidad emocional: Dificultades laborales, sociales, laborales y sentimentales; guerras, pandemias, desastres climáticos, calentamiento global, terrorismo, descalabros económicos y daños colaterales de la corrupción política, por mencionar tan solo algunas de las variables que día a día nos roban paz y contribuyen a alejarnos de nuestra estabilidad emocional.



Los diagnósticos de los profesionales de la salud mental no se hacen esperar y miles de personas al año son diagnosticadas con estrés, ansiedad y/o depresión. Agregado a lo anterior se suman las enfermedades relacionadas con las anteriores como, por ejemplo, la presión arterial alta, enfermedades cardiacas, diabetes, problemas de piel, problemas digestivos e incluso inmunológicos.


Luego de ser diagnosticados con estrés, ansiedad o depresión, es muy factible que se recurra a una respuesta farmacológica que seguramente incluirá ansiolíticos, antidepresivos e inductores del sueño, pero es importante comprender que no existe la pastilla o el medicamento mágico que nos libere de una vez y para siempre de la carga emocional que traen consigo las insatisfacciones y los desafíos de la vida, al mismo tiempo es imperativo empezar a tomar conciencia que existen caminos distintos a los de la respuesta farmacológica.

Hace pocos días escuché atentamente un programa del canal DW (Deutsche Welle) de Alemania, en el que abordaba el tema de los antidepresivos y señalaba que, de acuerdo con investigaciones realizadas por académicos de ese país, se había llegado a la conclusión de que el consumo de antidepresivos no siempre llevaba a la sanación del paciente y que en no pocas ocasiones, el consumo de estas sustancia podía ser como comprar un tiquete sin retorno al poco deseable destino de la farmacodependencia.


Me alegró sobremanera que los profesionales de la salud mental estén sugiriendo que se busquen formas distintas de abordar la depresión leve, moderada y severa, al tiempo que destacaron algunas prácticas que ya se están llevando a cabo en las que se incluye la meditación, la introspección y la relajación como métodos alternativos para hacer frente a esta enfermedad.


Quisiera aclarar que el propósito de redactar este artículo no es el de menospreciar la labor responsable de los psiquiatras que contribuyen con su conocimiento a salvaguardar la salud mental de nuestra población, sino insistir que es importante agotar los recursos disponibles antes de exponer a los pacientes a todas las complicaciones que puede generar el uso excesivo de fármacos.


Los ejercicios espirituales, la introspección, la relajación, el mindfulness y el control de la respiración, entre otras, han demostrado tener un impacto positivo y contundente a la hora de dar respuesta a las molestias físicas que llegamos a sentir a causa de la carga emocional que nos representan un sinfín de desafíos de nuestro tiempo.


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En lo concerniente a la evidencia por experimentación empírica en mi propio consultorio, he manejado dos casos de alteraciones en el ciclo normal del sueño con ejercicios de meditación guiados, evitándole así a mis consultantes el tener que utilizar pastillas para inducir el sueño. También he atendido a pacientes psiquiátricos y otros firmes candidatos a respuestas farmacológicas que han tenido procesos de evolución tan positivos que no dejan de sorprenderme.


He evidenciado, en no pocas ocasiones, que el diálogo, la risa, la interacción, la comunicación empática o el simple hecho de sentirse escuchado, tiene un impacto invaluable en la salud mental de muchas personas.


La tristeza, el abatimiento y las preocupaciones no nos deben llevar a buscar pastillas que adormezcan el problema, pero no lo solucionen. No nos olvidemos que detrás de cada medicamento existe un poderoso laboratorio cuyo negocio radica en hacernos sentir bien con recetas, pero no con interacción, amor, cercanía y respeto (tal vez porque eso no se puede vender en pequeños comprimidos)


Creo que, en muchas ocasiones, contribuimos más a nuestra salud mental con un delicioso desayuno en compañía de entrañables amigos, que con una pastilla que posiblemente no nos solucione nuestro problema y en cambio nos encadene tras los barrotes de la farmacodependencia.


Germán Eduardo González

Psicólogo

+504 9551 9628

 
 
 

1 comentario


Invitado
22 jul

Muy de acuerdo en esta rica y fresca reflexión qué va más allá de un consejo lineal a mi me hizo meditar encada fracción y darme cuenta de lo mucho que nos ayudan los consejos de un psicólogo gracias Lic.Gonzales voy a acatar cada uno de sus consejos por mi propio bien que mucho necesitaba ya de una reflexión como la suya. Gracias gracias gracias

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