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Sin patentes no hay futuro: la economía hondureña necesita ciencia con aplicación

  • Foto del escritor: Javier Salgado
    Javier Salgado
  • 15 nov
  • 2 Min. de lectura
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En Honduras hablamos con frecuencia de innovación, emprendimiento y desarrollo. Son conceptos que aparecen en discursos, planes nacionales y agendas empresariales. Sin embargo, hay una palabra que casi nunca mencionamos y que, paradójicamente, define el verdadero nivel de avance de un país: patentes. 


Las patentes no son un tema técnico reservado a abogados o científicos. Son, en realidad, la medida concreta de cuánto conocimiento estamos transformando en progreso económico, cuánto valor nuevo está generando el país y qué tan preparado estamos para competir en un mundo donde el crecimiento depende, cada vez más, de la capacidad de crear. 


Los países que más crecen comparten una característica fundamental: producen tecnología. No solo la consumen: la crean, la protegen y la transfieren al mercado. El resultado se refleja en cifras abrumadoras. 


  • Estados Unidos registra más de 50,000 patentes al año. 

  • Corea del Sur, un país del tamaño de Honduras, supera las 20,000. 

  • México produce cerca de 300. 

  • Honduras, dependiendo del año, apenas alcanza entre 1 y 3 solicitudes de patente nacionales. 

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Esta brecha no significa falta de talento. Significa falta de ecosistema. En Honduras, miles de estudiantes realizan investigaciones, proyectos, prototipos y tesis con potencial real. En las universidades se desarrollan soluciones para energía, educación, agroindustria, movilidad, salud y manufactura. Pero muy pocas llegan más allá del aula. 

No existen suficientes mecanismos de transferencia tecnológica que conecten el conocimiento académico con la empresa y la industria.  Sin este puente, las ideas se quedan en papeles, los prototipos en laboratorios y el talento en subempleo. 


En países que hoy lideran la economía del conocimiento, este puente se llama OTR u oficina de transferencia tecnológica: unidades especializadas que protegen la propiedad intelectual, gestionan patentes, buscan empresas interesadas, negocian licencias y acompañan a investigadores a convertir conocimiento en soluciones concretas. No se trata de un tema académico: es un tema económico. 

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Cada patente que llega al mercado puede generar: 


  • Nuevas empresas 

  • Empleos mejor remunerados 

  • Cadenas de valor más sofisticadas 

  • Exportaciones tecnológicas 

  • Ahorros para el país en importaciones 

  • Atracción de inversión extranjera 

 

Las patentes son, literalmente, activos estratégicos de una nación. Honduras se encuentra en una coyuntura crítica: 

 

  • Un bono demográfico que pronto terminará. 

  • Una competencia global por talento y tecnología. 

  • Oportunidades de nearshoring. 

  • Crecimiento de la economía digital en Centroamérica. 

  • Necesidad urgente de diversificar su base productiva. 

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Si no generamos conocimiento propio y no lo protegemos, simplemente no podremos competir. Algunas acciones que tenemos que comenzar a impulsar: 

 

  • Crear y fortalecer oficinas de transferencia tecnológica en las universidades. 

  • Formar a docentes, investigadores y estudiantes en propiedad intelectual. 

  • Establecer fondos semilla para proyectos con potencial de comercialización. 

  • Promover alianzas universidad–empresa con objetivos específicos de innovación. 

  • Actualizar las políticas públicas para incentivar la investigación aplicada. 

 

Los países no se transforman solo por tener universidades o laboratorios, sino por su capacidad de producir conocimiento útil, protegerlo y transferirlo a la sociedad. En un momento donde la inteligencia artificial, la energía, la biotecnología y la economía verde redibujan el mundo, Honduras no puede quedarse como consumidor pasivo. Pero con un ecosistema de innovación que conecte el conocimiento con la economía, Honduras puede convertirse en un país que no solo aprende, sino que también crea, lidera y exporta innovación. 

 
 
 

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