¿El Escudo de las Américas será lo suficientemente fuerte para China?
- José Armando Baquedano

- hace 3 horas
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Este pasado domingo en El Doral, Florida, se llevó a cabo la cumbre “The Shield of the Americas” o “El Escudo de las Américas”, en su traducción al español. Fue un encuentro promovido por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien invitó a presidentes y líderes afines de todo el continente, entre los cuales se encuentra nuestro presidente, Nasry Asfura.
Dentro de los temas abordados está el impulso al comercio, la inversión y la unidad de todo el continente, así como la formación de una coalición de seguridad integral que sirva de escudo para combatir el narcotráfico y la influencia de potencias “hostiles”. Pero ¿quiénes son estas supuestas potencias hostiles? Es evidente que se refieren a Rusia y, más concretamente, a China. ¿Por qué China es considerada una amenaza para el continente? Es lo que analizaremos a continuación.
Las “amenazas chinas” en el continente
Desde los tiempos de la Doctrina Monroe, EE. UU. ha designado a Latinoamérica como su principal zona de influencia, intentando alejarla de potencias hostiles a Washington. Sin embargo, el gobierno norteamericano considera que China se ha infiltrado en sectores estratégicos y críticos en varios países de la región, lo que representa una amenaza según su Estrategia de Seguridad Nacional.

Ejemplos de estas supuestas infiltraciones son los puertos ubicados en las entradas del Canal de Panamá, Puerto Balboa y Puerto Cristóbal, que eran operados por la empresa china CK Hutchison; así como el recién inaugurado Puerto de Chancay en Perú —todavía en etapa de desarrollo y que se convertiría en el mayor puerto comercial de Sudamérica— construido y operado en gran parte por la empresa china Cosco Shipping Ports. También se menciona el recientemente controversial cable submarino de fibra óptica que conectaría China y Chile, el cual generó un conflicto entre el presidente saliente, Gabriel Boric, y el presidente electo, José Antonio Kast, quien asistió a la cumbre en El Doral.
El surgimiento de China en el continente americano
Si analizamos las relaciones de EE. UU. —especialmente después de la Segunda Guerra Mundial— con sus principales aliados europeos, Canadá o incluso países como Corea del Sur y Japón, estas parecen ser interacciones mutualistas. Caso contrario a las relaciones que EE. UU. ha desarrollado con sus vecinos latinoamericanos, donde en muchas ocasiones su injerencismo ha generado inestabilidad. Lo anterior, sumado a la incompetencia de muchos líderes latinoamericanos a lo largo de la historia, ha condenado a la región a un persistente subdesarrollo.
Ahora bien, ¿de dónde surge China? Desde su fundación como la República Popular China (RPC) en 1949, el país ha tenido que desenvolverse con gran habilidad en el ámbito diplomático. Episodios como la ruptura sino-soviética en los años sesenta —siendo la URSS su principal aliado en ese momento— llevaron a la RPC a acercarse a EE. UU., lo que posteriormente permitió obtener su reconocimiento oficial por parte de la ONU en 1971 y el establecimiento formal de relaciones diplomáticas entre ambos países en 1979.
Este período de búsqueda de reconocimiento diplomático coincidió además con las reformas económicas impulsadas por Deng Xiaoping a finales de los años setenta, lo que permitió a China integrarse al comercio internacional y convertirse en la “fábrica del mundo”, en gran parte gracias al apoyo occidental en tecnología e inversión. De esta manera, el modelo económico chino comenzó a generar importantes utilidades a través de sus exportaciones.
Estas utilidades han permitido a China desarrollar una enorme capacidad financiera que, junto con su hábil diplomacia, le ha facilitado estrechar lazos con regiones necesitadas de comercio e inversión, principalmente en sectores como la energía, la minería, las telecomunicaciones y la infraestructura (puertos, ferrocarriles y carreteras).
Esta estrategia global se refleja en la llamada “Iniciativa de la Franja y la Ruta”, un ambicioso proyecto de infraestructuras destinado a impulsar el comercio y la conectividad. Originalmente concebido para Asia, Europa y África, el proyecto posteriormente se extendió hacia América Latina y el Caribe. Para abril de 2023, 21 de los 33 países independientes de la región habían firmado documentos de cooperación con China para integrarse a la iniciativa.
Entre 2005 y 2020, China puso en operación o inició la construcción de un total de 138 proyectos de infraestructura en América Latina, con una financiación superior a los 94.000 millones de dólares y la creación de más de 600.000 empleos locales. Además, durante ese mismo período, China incrementó considerablemente su comercio con la región. Desde 2012, mantiene su posición como el segundo socio comercial de América Latina, con un intercambio que alcanzó los 518.470 millones de dólares en 2024, aunque esta cifra sigue siendo inferior a los aproximadamente 936.000 millones de dólares de comercio entre Estados Unidos y la región.

Lo que le depara a Honduras
En este contexto, EE. UU., a través de esta nueva iniciativa del “Escudo de las Américas”, tiene una misión compleja, pues más allá de combatir la inseguridad y el narcotráfico en la región, debe ser capaz de ofrecer alternativas reales en inversión y comercio que promuevan un desarrollo significativo, para así evitar que los países se vean seducidos por la influencia china.
Para Honduras, la joven relación con China es delicada, ya que la ruptura de lazos diplomáticos con Taiwán y el consecuente establecimiento de relaciones con China en 2023 generó una crisis en la industria camaronera en la zona sur del país. Además, según datos del Banco Central de Honduras, las exportaciones hacia Taiwán disminuyeron en aproximadamente 89,30 millones de dólares estadounidenses, mientras que las exportaciones hacia China apenas alcanzaron los 54,90 millones de dólares en 2025.

La parte china, por medio de su embajador Yu Bo, ha mostrado amplio interés en seguir fortaleciendo los vínculos de cooperación con Honduras, mientras que la nueva administración se muestra sumamente cautelosa.
El actual presidente, Nasry Asfura, tendrá tres frentes de acción principales: (1) las oportunidades de desarrollo que le ofrece el gobierno de Donald Trump; (2) el margen limitado que posee para negociar con China; y (3) la cuestión China-Taiwán, que constituyó una promesa de campaña. Asimismo, deberá debatirse entre estrechar aún más la relación con el aliado tradicional del país, EE. UU., o adaptarse a un mundo cada vez más multipolar, actuando con el pragmatismo que lo caracteriza en sus vínculos con ambas potencias. Del mismo modo, tendrá que decidir entre priorizar beneficios económicos de corto plazo —como podría ser el restablecimiento de relaciones con Taiwán— o adoptar una perspectiva de largo plazo que considere el amplio potencial de cooperación que ofrece China.
Por:
Ingeniero José Armando Baquedano Martínez
Universidad Beihang, Distrito de Haidian, Pekin




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