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Alerta por avance del crimen organizado en Latinoamérica

Alerta por avance del crimen organizado en Latinoamérica

América Latina enfrenta así un doble desafío: responder a los niveles de inseguridad y, al mismo tiempo, evitar que las medidas adoptadas para combatirla terminen debilitando el Estado de derecho.

15 de septiembre de 2026

La expansión del crimen organizado y su creciente penetración en distintos sectores de la sociedad representan una amenaza cada vez mayor para las democracias de América Latina, según un informe de IDEA Internacional. El estudio advierte que las redes criminales ya no se limitan a generar violencia, sino que también buscan influir en instituciones, economías y procesos políticos.

 

El análisis sitúa este fenómeno dentro de un escenario regional marcado por una fuerte polarización política y una creciente desconfianza ciudadana hacia las instituciones. América Latina enfrenta así un doble desafío: responder a los niveles de inseguridad y, al mismo tiempo, evitar que las medidas adoptadas para combatirla terminen debilitando el Estado de derecho.

 

IDEA Internacional ya había advertido que más de 100 millones de personas en América Latina viven bajo algún tipo de gobernanza criminal, una situación que demuestra el alcance territorial y social adquirido por las organizaciones ilegales. El problema trasciende las fronteras y requiere respuestas coordinadas entre los Estados.

 

Uno de los principales riesgos señalados en el informe es la posibilidad de una captura progresiva del Estado. Las estructuras criminales pueden utilizar recursos económicos, corrupción, intimidación y redes de influencia para penetrar instituciones y obtener ventajas que les permitan ampliar sus operaciones.

 

El fenómeno también afecta directamente a las comunidades. En zonas donde las organizaciones criminales tienen una fuerte presencia, pueden llegar a ejercer funciones que corresponden al Estado, imponer reglas, controlar territorios y establecer mecanismos de autoridad paralelos. Esto debilita la capacidad institucional y reduce el margen de acción de las autoridades.

 

La situación adquiere mayor complejidad porque la criminalidad no opera únicamente mediante la violencia. El dinero procedente de actividades ilícitas puede infiltrarse en economías locales y generar relaciones de dependencia, mientras que la corrupción facilita el acceso de estas estructuras a funcionarios y espacios de decisión.

 

El deterioro de la seguridad también tiene consecuencias políticas. Cuando los ciudadanos perciben que el Estado no puede protegerlos, aumenta la frustración y disminuye la confianza en las instituciones democráticas. Esto puede favorecer el respaldo a respuestas más radicales o a medidas que reduzcan controles institucionales en nombre de la seguridad.

 

Ante este escenario, el informe plantea la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia, combatir la corrupción y mejorar la capacidad de los Estados para recuperar los territorios donde las estructuras criminales han ganado influencia.

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