REFLEXIÓN DEL EVANGELIO

11 de febrero de 2026
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
Reflexión
Hoy la Iglesia nos presenta la memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes. A los cuatro años de la proclamación del dogma de su Inmaculada Concepción, la Santísima Virgen se apareció a la humilde joven Bernardita en la gruta de Massabielle, junto al río Gave, cerca de Lourdes. Había ido con una hermana y una amiga. La Virgen le pidió que viniera a la gruta durante quince días. El 25 de marzo, la Señora le manifestó su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Le pidió que le construyeran una capilla, que rezaran por la conversión de los pecadores e hicieran penitencia.
En el evangelio observamos que Jesús hace su primer milagro y con él, comienza su vida pública. Es sorprendente cómo este primer milagro es consecuencia de un acto de obediencia a su madre. Pero lo más sorprendente es la actitud de la Virgen. Cuando le pide el milagro, Jesús no quiere “Todavía no ha llegado mi hora” y ella le roba el milagro.
La Virgen María no se pone en el centro, no da órdenes propias ni busca protagonismo. Toda su misión es conducirnos a su Hijo. Por eso, en Caná —como en Lourdes y en toda la historia de la salvación— su palabra es sencilla y exigente a la vez: “Hagan lo que Él les diga”. Ahí está el secreto de la vida cristiana: escuchar a Cristo, confiar en su palabra y obedecerla, incluso cuando no entendemos del todo porque quien hace lo que Él dice, experimenta el milagro: el agua de lo cotidiano se transforma en el vino nuevo de la gracia.
