
XVIII Domingo del Tiempo Ordinario
2 de agosto de 2026
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39
Hermanos: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Reflexión
El sentido de este texto se enriquece con las evocaciones que suscita. Hacia atrás el texto nos retrotrae al Éxodo, cuando en el desierto el Pueblo tenía hambre y añoraba la comida de la esclavitud en Egipto. Saciar el hambre con aquella comida hubiera significado una vuelta a la esclavitud. El Pastor del Pueblo sacia el hambre, pero con un pan nuevo (maná, manhú, ¿que es esto?). "Es el pan que os ha dado Yahvé para alimento" (Ex 16. 15).
Hacia adelante el texto nos proyecta hacia el futuro, hacia el banquete en los nuevos cielos y en la nueva tierra. Y siempre nos inserta en el presente, en esa Eucaristía que celebramos y donde comemos pan de vida y bebemos vino de salvación, un pan y un vino generadores de la libertad del Pueblo de Dios. La Eucaristía es celebración de un Pueblo o no es nada. Entendida como práctica de piedad se volatiliza en el fervor personal.
