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XXXI semana del tiempo ordinario

7 de noviembre de 2026

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 1-8

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.


Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.


El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.


Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”.


Este respondió: “Cien barriles de aceite».


Él le dijo: «Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.


Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”.


Él dijo: “Cien fanegas de trigo”.


Le dice:“Toma tu recibo y escribe ochenta”.


Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz».


Reflexión


Las palabras del evangelio de hoy son en parte aplicación de la parábola del evangelio de ayer, aunque en el contexto amplio de todo el evangelio de Lucas. Por un lado, se anima a los discípulos a comportarse con la sabiduría que, imperfectamente, se refleja en la sagacidad de aquellos que solo funcionan por cálculos humanos. De hecho, la expresión «riqueza injusta» hace referencia a la riqueza desvinculada de la obtención de la verdadera justicia. Jesús nos pide que nos empeñemos en serio en alcanzar aquello que decimos querer alcanzar, poniendo todo lo demás al servicio de esa meta: las moradas eternas. Se trata, por tanto, de aprender a discernir cómo usar correctamente los bienes materiales.


A esta exhortación se le suman otras dos, que están en relación también con otros textos lucanos. El administrador responsable es el que presta atención a lo pequeño, pues a menudo es ahí por donde viene la ruina. Es en lo poco, en lo pequeño, donde se manifiesta y demuestra el interés y el amor verdaderos. También nos dice el texto que no podremos administrar bien los bienes eternos si no hemos sabido administrar bien los transitorios. Aspirar al cielo no quiere decir desentenderse del mundo. Estas enseñanzas se pueden sintetizar es esta frase: «no podéis servir a Dios y a las riquezas»; esto es, si lo que nos mueve es el dinero, Dios queda fuera. Solo uno de los dos polos puede ser rector de la vida entera.


Las últimas palabras de Jesús nos ponen sobre aviso. A Jesús le estaban escuchando «amantes del dinero» (Lc 16,14) y eso él lo veía, aunque por fuera se disimulase. Porque, ¿cuál es el valor de la limosna de un avaro o de un codicioso? Dios lo juzga. Y eso es lo verdaderamente determinante. De poco nos servirá el juicio positivo de los hombres sobre nosotros si realmente nuestro interior lo desdice. Jesús nos anima a purificar el corazón y renovar la mente, a examinar deseos e intenciones, porque es del corazón de donde salen las buenas y las malas obras.

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