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Tradición de palmas activa economía rural en Semana Santa

Cada año, esta práctica se suma a otras manifestaciones propias de la Semana Santa en el país, como las procesiones y la elaboración de alfombras, consolidando un periodo que mezcla devoción, tradición y dinamismo económico en diferentes regiones del territorio nacional.

28 de marzo de 2026

En la víspera del Domingo de Ramos, centenares de campesinos hondureños se apostaron en las afueras de iglesias y templos católicos en distintas ciudades del país para ofrecer ramos y cruces elaborados artesanalmente con palma, en una tradición que combina fe y sustento económico.

 

El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa en la tradición cristiana, conmemorando la entrada de Jesús a Jerusalén, un evento simbólico en el calendario litúrgico

 

Desde tempranas horas, familias provenientes de zonas rurales llegaron a puntos como la capital para instalarse en los atrios y alrededores de las iglesias, donde permanecen durante varios días con la expectativa de vender sus productos a los fieles que participan en las celebraciones religiosas. Los ramos, confeccionados principalmente con palma de coyol, son adquiridos por los creyentes para ser bendecidos durante las ceremonias litúrgicas que dan inicio a la Semana Santa

 

Para muchos de los vendedores, esta actividad representa una de las pocas oportunidades de generar ingresos adicionales en el año. Además de las tradicionales palmas, algunos también comercializan productos típicos como frutas y alimentos artesanales, buscando atraer a los visitantes que acuden a los templos en esta época. Sin embargo, varios comerciantes señalaron que las ventas han mostrado variaciones en comparación con años anteriores, lo que añade incertidumbre a su jornada

 

La presencia de niños, jóvenes y adultos en los puestos refleja cómo esta práctica se mantiene viva a través de generaciones, consolidándose como parte del calendario religioso y cultural del país. Los campesinos permanecen en los alrededores de los templos hasta el domingo, cuando se registra la mayor afluencia de feligreses.

 

En Honduras, esta celebración está profundamente arraigada en la cultura religiosa, donde la bendición de palmas forma parte esencial de los rituales. A la par de su significado espiritual, la actividad también se ha convertido en un medio de subsistencia para comunidades rurales que encuentran en esta temporada una oportunidad para generar ingresos.

 

Cada año, esta práctica se suma a otras manifestaciones propias de la Semana Santa en el país, como las procesiones y la elaboración de alfombras, consolidando un periodo que mezcla devoción, tradición y dinamismo económico en diferentes regiones del territorio nacional.

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