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Semana Santa y luna llena: una relación astronómica

De acuerdo con el boletín del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la UNAH, la inclinación del eje terrestre —aproximadamente 23.5 grados— es responsable de las estaciones del año, generando diferencias en la radiación solar entre hemisferios.

30 de marzo de 2026

La celebración de la Semana Santa en 2026, programada del 29 de marzo al 5 de abril, coincide con un fenómeno natural clave: la primera luna llena de la primavera, que se registrará el 1 de abril a las 20:11. Esta coincidencia no es casual, sino que responde a criterios astronómicos y religiosos establecidos desde hace siglos.

 

De acuerdo con el boletín del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la UNAH, la inclinación del eje terrestre —aproximadamente 23.5 grados— es responsable de las estaciones del año, generando diferencias en la radiación solar entre hemisferios.

 

En ese marco, la Semana Santa se vincula directamente con el equinoccio de marzo, momento en el que ambos hemisferios reciben una cantidad similar de luz solar.

 

La tradición cristiana fija la fecha de la Pascua tomando como referencia la primera luna llena posterior a dicho equinoccio, lo que explica por qué esta festividad cambia cada año. Este criterio fue formalizado en el siglo VI por Dionisio el Exiguo, quien estableció reglas específicas para evitar coincidencias con la Pascua judía y asegurar que la celebración ocurra en domingo.

 

Bajo estas normas, la Pascua no puede celebrarse antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril, lo que determina el rango en el que se desarrolla la Semana Santa cada año.

Además, si la fecha calculada coincide con domingo bajo ciertas condiciones, puede trasladarse una semana para mantener la coherencia del calendario litúrgico.

 

Este sistema confirma que la Semana Santa siempre se sitúa en la primavera del hemisferio norte, desmintiendo la creencia de que puede ocurrir en otras estaciones.

Así, la relación entre la luna llena, el equinoccio y la tradición religiosa refleja una combinación de ciencia y fe que ha perdurado a lo largo del tiempo.

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