María Enriqueta Matute: voz indígena silenciada en defensa del bosque
Fue integrante del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ), participando activamente en protestas pacíficas, bloqueos comunitarios y denuncias ante las autoridades correspondientes.

24 de enero de 2026
Honduras sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para quienes defienden el medio ambiente. Según datos de Global Witness, en 2022 registró la mayor tasa de asesinatos per cápita de activistas ambientales, un reflejo de la vulnerabilidad que enfrentan comunidades y ecosistemas en riesgo.
En este contexto, la historia de María Enriqueta Matute, lideresa indígena tolupán, emerge como un recordatorio doloroso de la lucha y los riesgos que implica proteger el territorio.
Nacida en 1942, María Enriqueta se convirtió en una figura central dentro de su comunidad, conocida por su firmeza en las asambleas indígenas y su compromiso en detener la tala ilegal y la explotación minera de antimonio en territorios ancestrales.
Como mujer indígena y adulta mayor, su liderazgo no solo representaba la voz de los tolupanes, sino también la resistencia pacífica frente a actividades que ponían en riesgo la vida de su pueblo y la integridad del bosque.
Fue integrante del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ), participando activamente en protestas pacíficas, bloqueos comunitarios y denuncias ante las autoridades correspondientes.
El 25 de agosto de 2013, su vida fue arrebatada durante una acción de protesta en San Francisco de Locomapa, Yoro. Testigos relatan que dos hombres armados en motocicleta la persiguieron y dispararon, acabando también con la vida de los defensores Armando Fúnez Medina y Ricardo Soto Fúnez. A pesar de las alertas de riesgo y las amenazas previas, el Estado no garantizó su protección, exponiendo nuevamente la fragilidad de quienes defienden el ambiente en Honduras.
Más de once años después, la justicia permanece incompleta. Solo uno de los autores materiales fue condenado en 2018, aunque logró fugarse y posteriormente murió sin esclarecerse las responsabilidades institucionales.
Otro acusado fue absuelto en 2020, y la autoría intelectual del crimen sigue sin investigarse, dejando sin sanción a posibles responsables vinculados a intereses empresariales, políticos o criminales en la explotación de recursos naturales. El caso espera aún un fallo de casación en la Corte Suprema de Justicia.
El legado de María Enriqueta Matute trasciende su trágica muerte. Su lucha inspiró medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para proteger a otros defensores tolupanes y se mantiene como referente de la iniciativa Guardianes Silenciados, impulsada por la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ). Este proyecto documenta asesinatos de defensores ambientales, visibiliza patrones de violencia y demanda verdad y justicia, con el apoyo de la Embajada Británica en Guatemala.
Recordar a María Enriqueta es más que un acto de memoria: es un llamado urgente a garantizar la protección de quienes defienden el bosque y los derechos de los pueblos indígenas en Honduras. Su historia simboliza la resistencia, la dignidad y la necesidad de justicia en un país donde proteger la vida de los defensores ambientales sigue siendo una deuda pendiente.










