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Joven de Copán devuelve L20,000 a diputada de Libre tras apoyo polémico

El emprendedor copaneco rechaza 20,000 lempiras entregados por la congresista de Libre, cuestionando la exposición pública del apoyo. El gesto provoca una ola de reacciones en redes y revive críticas por el caso Sedesol.

29 de julio de 2025

Manuel Torres, un joven hondureño de apenas 20 años, se ha convertido en protagonista de una historia que va más allá del emprendimiento. Su gesto de devolver 20,000 lempiras entregados por la diputada Isis Cuéllar, del partido Libertad y Refundación (Libre), ha encendido un debate nacional sobre dignidad, oportunismo político y uso de fondos públicos en contextos de vulnerabilidad social.

 

Manuel, quien recientemente comenzó un negocio de lavado de autos en su barrio, captó la atención de las redes sociales por su esfuerzo y perseverancia. En pocos días, su historia fue replicada por medios nacionales y generó apoyo de muchos ciudadanos que admiraron su iniciativa. Fue en ese contexto que la diputada Cuéllar decidió visitarlo personalmente y entregarle la suma de 20,000 lempiras en efectivo, junto con insumos para su carwash.

 

Sin embargo, lo que parecía un acto solidario se convirtió rápidamente en un escándalo público.

 

“Me dijo que lo hacía de todo corazón y que no lo iba a publicar, pero lo hizo... Así que por favor venga a traer el dinero, no lo quiero”, declaró Manuel en un video ampliamente compartido en redes sociales.

 

Según contó Manuel, su mayor deseo era simplemente que llegaran más carros al carwash. No pidió dinero ni donaciones, sino más bien trabajo. Por eso, le molestó que su imagen fuera utilizada públicamente, especialmente por una figura política cuestionada.

 

Además, aclaró que el terreno donde opera el carwash ni siquiera le pertenece, sino que fue prestado. Su esfuerzo consistió en reunir herramientas básicas y productos para lavar autos, en lo que él consideraba una forma digna de generar ingresos honestamente.

“No quiero que piensen que estoy buscando dinero. Solo quiero que me dejen trabajar”, dijo con voz firme.

 

La diputada Isis Cuéllar ha estado en el ojo público tras ser vinculada al escándalo del desvío de fondos públicos conocido como “El caso Sedesol”, en el que se investigan presuntas transferencias irregulares de recursos destinados a programas sociales.

 

En ese contexto, muchos usuarios en redes sociales interpretaron su acto de ayuda como una maniobra para mejorar su imagen en medio del escándalo. Las fotografías del acto de entrega del dinero fueron difundidas ampliamente por la diputada y su equipo, lo que para algunos evidenció una estrategia de marketing político más que un gesto genuino de solidaridad.

Las redes sociales se llenaron rápidamente de mensajes de apoyo hacia Manuel. Frases como “¡Digno y valiente!” o “Así se responde a los que usan la pobreza como propaganda” dominaron la conversación.

 

También hubo quienes aprovecharon para cuestionar a la diputada Cuéllar:

“Usan al pueblo para lavarse la cara con nuestros impuestos”, escribió un usuario de X (antes Twitter).

“El dinero no compra dignidad. Bien hecho, Manuel”, publicó otra internauta.

 

El caso ha desnudado las tensiones entre la ciudadanía y una clase política que, en muchos casos, es percibida como oportunista y distante. Lo que más ha impactado de la historia no es solo la negativa de Manuel a aceptar el dinero, sino su claridad moral:

“Lo único que pido es que me traigan carros para lavar. Nada más. No necesito que nadie me promocione por eso”.

 

Su testimonio ha resonado particularmente en jóvenes hondureños que, como él, luchan día a día por construir una vida honesta en un país con altos niveles de desempleo, inseguridad y desconfianza institucional.

 

Hasta el momento, no se ha informado si la diputada retiró el dinero, aunque las críticas hacia su accionar continúan creciendo. Mientras tanto, la historia de Manuel sigue inspirando y generando conversación sobre la dignidad del trabajo, la ética pública y el uso instrumental de las necesidades del pueblo con fines políticos.

 

En medio del clima electoral que se avecina en Honduras, este caso podría marcar un precedente sobre cómo los ciudadanos evalúan no solo las acciones de sus representantes, sino también sus intenciones.

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