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Debate por lectura de la Biblia en escuelas hondureñas

El presidente del legislativo defendió que la iniciativa no busca imponer una religión específica ni sustituir el currículo escolar básico, sino promover la reflexión sobre valores positivos en conjunto con actores religiosos y comunitarios.

26 de enero de 2026

El jefe del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, generó debate en el entorno educativo al plantear la posibilidad de incorporar la lectura de la Biblia en las escuelas públicas como parte de las iniciativas para fortalecer la formación en valores de los estudiantes hondureños.

 

Durante las primeras sesiones de la nueva legislatura 2026–2030, Zambrano mencionó que se impulsará una colaboración entre el Congreso, iglesias y autoridades de educación para promover actividades con la Biblia dentro de los centros educativos, argumentando que este libro puede aportar principios éticos y morales a niñas, niños y adolescentes.

 

El presidente del legislativo defendió que la iniciativa no busca imponer una religión específica ni sustituir el currículo escolar básico, sino promover la reflexión sobre valores positivos en conjunto con actores religiosos y comunitarios. También sostuvo que se trabajará de la mano con la Iglesia Católica y organizaciones evangélicas para definir los mecanismos de implementación, aunque aclaró que se respetará la libertad de creencias de los estudiantes.

 

No obstante, la propuesta ha generado cuestionamientos y preocupación entre sectores de la sociedad y expertos en educación, quienes recuerdan que la Constitución de Honduras establece que la educación pública debe ser laica, lo que implica que el Estado no puede favorecer ni obligar a prácticas confesionales dentro del sistema educativo oficial.

 

Defensores del laicismo educativo han señalado que la introducción de textos de carácter religioso en las escuelas públicas podría afectar la neutralidad del Estado y la libertad de pensamiento de estudiantes de diferentes creencias o sin afiliación religiosa, y han llamado a priorizar inversiones en infraestructura, recursos pedagógicos y formación docente frente a medidas de carácter religioso.

 

En contraste, representantes de algunas comunidades religiosas y padres de familia han respaldado la idea argumentando que la lectura bíblica puede reforzar valores éticos y contribuir al mejor comportamiento de los alumnos. Sin embargo, analistas legales han subrayado que cualquier movimiento para hacer obligatoria la lectura de un texto religioso podría enfrentar desafíos jurídicos basados en el marco constitucional vigente.

 

El tema continúa en discusión en círculos políticos y educativos, mientras el Congreso Nacional avanza en otras prioridades de su agenda legislativa, incluyendo reformas en educación, empleo y conectividad en escuelas rurales.

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