Debate por lectura bíblica en escuelas divide a sociedad hondureña
En muchos países, la inclusión de textos sagrados o enseñanzas de fe en escuelas públicas ha sido objeto de debates legales y sociales, en algunos casos incluso elevándose a instancias judiciales para determinar su constitucionalidad.

6 de febrero de 2026
Una reciente decisión del Congreso Nacional para impulsar la lectura diaria de la Biblia en las escuelas públicas ha generado una intensa discusión en el país, con posiciones encontradas entre líderes religiosos, autoridades y padres de familia sobre el papel de la religión en el sistema educativo.
El debate en Honduras refleja una discusión más amplia sobre cómo abordar la formación de valores y la convivencia en el entorno escolar sin comprometer la neutralidad religiosa que establece el Estado laico.
En muchos países, la inclusión de textos sagrados o enseñanzas de fe en escuelas públicas ha sido objeto de debates legales y sociales, en algunos casos incluso elevándose a instancias judiciales para determinar su constitucionalidad.
El pasado 4 de febrero, los diputados aprobaron por unanimidad una moción para crear una comisión especial que analizará, diseñará y presentará en 30 días un plan nacional de lectura bíblica en los centros educativos, orientado a fortalecer valores como el respeto, la convivencia pacífica y la promoción de una cultura de no violencia entre estudiantes.
Según los legisladores que impulsaron la iniciativa, la intención no es convertir las aulas en espacios de adoctrinamiento religioso, sino aprovechar el texto como un recurso histórico, ético y moral que pueda contribuir al desarrollo integral de los niños y jóvenes.
Esta propuesta, dijeron, responde a desafíos sociales vinculados a la pérdida de valores tradicionales que se han observado en diversos sectores de la sociedad hondureña.
La Asociación de Pastores de Tegucigalpa y Comayagüela (APT) respaldó la medida y celebró la aprobación de la moción, defendiendo a la Biblia como una de las obras más influyentes y sugeridas como fuente de sabiduría, ética y referencias culturales que pueden complementar la formación de valores en los estudiantes. En un comunicado, la APT aclaró que la lectura se concibe en un contexto formativo y no con fines de conversión religiosa.
Sin embargo, sectores de padres de familia han expresado su disconformidad con la iniciativa al considerar que cualquier cambio en el currículo educativo que toque aspectos de fe debería ser consultado previamente con ellos. Argumentan que la Constitución hondureña garantiza la libertad de culto y que las decisiones sobre educación religiosa corresponden más a las familias que al Estado.
Representantes de algunos grupos sociales señalan preocupaciones sobre la neutralidad de la educación pública y la diversidad religiosa existente en el país, advirtiendo que imponer la lectura de un texto asociado a una tradición de fe específica podría afectar a estudiantes de otras creencias o a quienes optan por no profesar ninguna religión.
Además, docentes y personal educativo han manifestado posturas mixtas: mientras algunos respaldan la propuesta y la consideran una herramienta para reforzar la enseñanza de valores, otros la ven como un intento de introducir contenidos religiosos en un sistema educativo laico, lo cual podría generar tensiones con el enfoque constitucional sobre educación pública.
La comisión designada por el Congreso integrará a diputados de diferentes bancadas, representantes de la Secretaría de Educación y líderes de diversas confesiones, con el objetivo de elaborar un informe técnico consensuado que incluya mecanismos claros para implementar la lectura sin vulnerar derechos y libertades fundamentales.
La educación pública hondureña se encuentra constitucionalmente definida como laica, lo que implica que el Estado no puede imponer enseñanzas religiosas, aunque sí puede fomentar valores éticos compatibles con la pluralidad de creencias de la población.
Las discusiones actuales ponen en evidencia la tensión entre la búsqueda de soluciones formativas para desafíos sociales y el respeto a los principios de libertad religiosa y neutralidad estatal en materia educativa.
Las decisiones que se adopten en los próximos días podrían sentar precedentes sobre cómo se articulan valores culturales, éticos y religiosos dentro de la política educativa, y cómo se equilibra la participación de las familias, las instituciones religiosas y las autoridades en la formación integral de las nuevas generaciones.










