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DEA sigue la pista a red narco que mezcla droga y contrabando en Centroamérica

Desde la Zona Libre de Colón en Panamá, salen contenedores que terminan en Costa Rica y Honduras, donde son comercializados en el mercado negro con márgenes de ganancia que pueden superar el 600 %.

22 de septiembre de 2025

La Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) mantiene bajo investigación las conexiones criminales entre Honduras, Costa Rica y Panamá, donde grupos del narcotráfico no solo utilizan el istmo como corredor de cocaína, sino que también han diversificado sus operaciones al contrabando de cigarrillos, un negocio que les permite lavar dinero y generar ingresos con rapidez.

 

De acuerdo con especialistas consultados, estas estructuras aprovechan las mismas rutas y cadenas logísticas usadas para el tráfico de drogas, lo que facilita colocar cargamentos de tabaco ilegal en mercados donde los impuestos encarecen el producto. Desde la Zona Libre de Colón en Panamá, salen contenedores que terminan en Costa Rica y Honduras, donde son comercializados en el mercado negro con márgenes de ganancia que pueden superar el 600 %.

 

El exjefe de Operaciones Internacionales de la DEA, Mike Vigil, explicó que estas alianzas regionales les dan a los grupos mayor capacidad y cobertura para mover tanto drogas como mercancías ilícitas. “Ya tienen la infraestructura para la cocaína, con ella colocan los cigarrillos sin problema”, señaló, comparando este esquema con el modelo usado por carteles mexicanos como el de Sinaloa o el CJNG, que diversifican inversiones en actividades legales e ilegales.

 

En el caso hondureño, las autoridades han detectado focos de contrabando en Puerto Lempira y Copán, puntos estratégicos por su salida hacia Guatemala y el Caribe. Incluso se han identificado modalidades que van desde el ingreso de cigarros listos para su distribución, hasta la instalación de fábricas clandestinas con maquinaria y suministros traídos de contrabando.

 

Analistas en seguridad como Daniel Rico han descrito la región como una “Disneylandia” del contrabando, donde la falta de controles y la alta rentabilidad convierten al tabaco en una opción atractiva para organizaciones transnacionales. Costa Rica, por su frontera terrestre con Panamá, se ha convertido en uno de los países más vulnerables, mientras que en Honduras las redes locales han tejido alianzas con estructuras regionales para ampliar sus operaciones.

 

La historia reciente de Copán muestra cómo estos negocios se mezclan con el narcotráfico. En El Paraíso operó por más de una década el cartel liderado por los hermanos Ardón, vinculado a figuras como Joaquín “El Chapo” Guzmán y a políticos hondureños de alto nivel. Investigaciones del Ministerio Público señalan que empresas locales, como Inversiones Solís Estévez, han sido utilizadas para mover tabaco de contrabando y, presuntamente, lavar ganancias del narco.

 

La DEA y las fiscalías centroamericanas sostienen que el reto no solo es interceptar cargamentos, sino también atacar las redes de corrupción que permiten a estas organizaciones operar con impunidad. En la actualidad, la preocupación de las autoridades se centra en que las alianzas criminales refuercen el poder económico de los carteles y amplíen su influencia en la región.

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