Asfura elimina retratos oficiales en oficinas públicas
La instrucción aplica a todas las secretarías de Estado, direcciones, subdirecciones, gerencias y oficinas descentralizadas, así como a obras.

31 de enero de 2026
El presidente de la República, Nasry “Tito” Asfura, dispuso un cambio simbólico sin precedentes en la administración pública hondureña al instruir que no se coloque su retrato oficial en oficinas, instituciones ni proyectos del Estado, rompiendo con una tradición arraigada durante décadas en el aparato gubernamental.
La medida fue comunicada a través de la Secretaría de Comunicaciones y establece que, en lugar de fotografías presidenciales o imágenes con la banda presidencial, las dependencias públicas deberán exhibir un mensaje de reflexión pronunciado por el propio mandatario durante su discurso de toma de posesión, inspirado en un pensamiento atribuido a Mahatma Gandhi, enfocado en valores como la verdad, la humildad, el servicio y el compromiso con el bien común.
La instrucción aplica a todas las secretarías de Estado, direcciones, subdirecciones, gerencias y oficinas descentralizadas, así como a obras, proyectos y programas financiados con fondos públicos. De igual manera, se prohíbe la colocación de vallas, placas o material institucional que destaque la imagen personal del presidente como parte de la ejecución de obras gubernamentales.
Desde el Ejecutivo se ha explicado que la decisión busca desalentar el culto a la personalidad y reforzar una visión de gestión pública centrada en resultados, ética y responsabilidad institucional. Funcionarios cercanos al mandatario señalan que el mensaje pretende recordar a los servidores públicos que su función principal es servir a la ciudadanía y no promover figuras políticas.
Este enfoque no es nuevo en la trayectoria de Asfura. Durante su gestión como alcalde del Distrito Central, evitó actos protocolarios tradicionales, inauguraciones ostentosas y la colocación de su nombre o imagen en proyectos municipales, apostando por una administración más discreta y orientada a la ejecución.
Analistas consideran que la decisión tiene un alto contenido simbólico, especialmente en un país donde históricamente la imagen del presidente ha ocupado un lugar central en edificios estatales. Para algunos sectores, el gesto refuerza un mensaje de austeridad y sobriedad; para otros, abre el debate sobre la necesidad de transformar la cultura política y administrativa del país.
Con esta directriz, el gobierno marca una línea clara sobre cómo desea proyectar su liderazgo: menos protagonismo personal y mayor énfasis en valores, institucionalidad y servicio público, en un contexto de expectativas ciudadanas por cambios en la forma de gobernar.










