OEA pide a los gobiernos a anticiparse ante El Niño
Las proyecciones advierten sobre sequías intensas en algunas zonas y lluvias torrenciales con riesgo de inundaciones y deslizamientos en otras regiones, con consecuencias para el suministro de agua, la producción de alimentos y la generación de electricidad.

27 de octubre de 2026
La Organización de los Estados Americanos (OEA) pidió a los gobiernos de América Latina y el Caribe reforzar desde ahora sus planes de prevención ante los efectos que podría provocar el fenómeno de El Niño durante 2027. Las proyecciones advierten sobre sequías intensas en algunas zonas y lluvias torrenciales con riesgo de inundaciones y deslizamientos en otras regiones, con consecuencias para el suministro de agua, la producción de alimentos y la generación de electricidad.
El fenómeno de El Niño altera los patrones habituales de temperatura y precipitación, por lo que sus efectos varían según la ubicación geográfica. Un informe elaborado por la OEA junto con la Organización Meteorológica Mundial y el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño advierte que el episodio podría alcanzar una intensidad muy fuerte.
Centroamérica, el Caribe y varias zonas del norte de Sudamérica figuran entre las regiones expuestas a una reducción considerable de las lluvias. En contraste, sectores de la costa ecuatoriana, el norte de Perú, el centro-sur de Chile y la cuenca del Plata podrían experimentar precipitaciones por encima de lo habitual.
La OEA considera que los últimos meses de 2026 serán fundamentales para que los países preparen sus sistemas de respuesta antes de que se intensifiquen los impactos previstos. Entre las medidas recomendadas figuran mejorar las alertas tempranas, establecer planes de contingencia y asegurar recursos para atender emergencias climáticas.
En Centroamérica, la preocupación se concentra en el Corredor Seco, donde la disminución de las lluvias podría agravar las dificultades de las familias que dependen de la agricultura. El organismo estima que entre 500,000 y 750,000 personas de esta zona podrían enfrentar una situación de crisis alimentaria aguda si las condiciones de sequía afectan las cosechas y los medios de subsistencia.
La disponibilidad de agua también representa un desafío para la región. Según los datos citados por la organización, más de 200 millones de personas en América Latina y el Caribe no cuentan con un servicio continuo de abastecimiento. Una sequía prolongada podría incrementar los racionamientos y reducir la producción de energía hidroeléctrica, de la que depende una parte importante de la matriz energética regional.
Los efectos podrían extenderse a la salud pública. Las altas temperaturas, junto con el almacenamiento de agua en recipientes sin protección, pueden favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue. Asimismo, las condiciones secas elevarían el riesgo de incendios forestales en las zonas más vulnerables.
En otros puntos del continente, el panorama sería diferente. Las precipitaciones intensas podrían ocasionar inundaciones y deslizamientos, con daños potenciales en viviendas, carreteras, cultivos e infraestructura. La OEA también advierte que el descenso de los niveles de los lagos que abastecen al Canal de Panamá podría dificultar el tránsito de embarcaciones de gran tamaño y afectar el comercio internacional.


