
La genética influye más de lo pensado en la longevidad
30 de enero de 2026

Un estudio científico reciente ha replanteado cu ánto influye la herencia biológica en la duración de la vida humana, situando la participación de los genes en niveles mucho más altos de lo que se creía hasta ahora.
La investigación, publicada en la revista Science por un equipo internacional liderado desde el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel), concluye que los factores genéticos podrían explicar más del 50 % de la variación en la esperanza de vida entre individuos, una proporción significativamente superior a las estimaciones tradicionales, que oscilaban entre el 6 % y el 33 %.
El análisis se basó en modelos matemáticos y en el estudio de cohortes de gemelos de Dinamarca, Suecia y Estados Unidos, incluyendo parejas criadas juntas y por separado. Al aplicar criterios que distinguen entre muertes por causas externas como accidentes o enfermedades infecciosas y las que reflejan el proceso biológico intrínseco del envejecimiento, los científicos lograron aislar mejor el componente hereditario de la longevidad humana.
Los resultados sugieren que la contribución genética a la longevidad aumenta drásticamente cuando se excluyen los factores externos, alcanzando cifras cercanas al 55 % de la variación observada entre distintas personas.
Este porcentaje se sitúa más en línea con la heredabilidad de otros rasgos fisiológicos complejos y con lo que se observa en estudios de longevidad en otras especies.
A pesar de la prominente participación de la genética señalada por el estudio, los investigadores aclaran que la mitad restante de la esperanza de vida sigue influida por factores ambientales y de estilo de vida, como la alimentación, el ejercicio, el acceso a atención médica y las condiciones sociales.
Expertos no involucrados directamente en la investigación subrayan que esta mayor estimación no significa que la duración de vida de una persona esté “fijada” por sus genes, sino que, a nivel poblacional, la herencia genética juega un rol más determinante de lo que se pensaba en la biología del envejecimiento.
Este hallazgo aporta una nueva perspectiva para la ciencia del envejecimiento y podría incentivar investigaciones adicionales sobre la genética de la longevidad, con potenciales implicaciones para entender por qué ciertas personas alcanzan edades excepcionales mientras otras no.



