¿Palpitaciones o arritmia? Cuándo preocuparse por un corazón acelerado
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6 de agosto de 2026
Sentir que el corazón late más rápido de lo normal, que “salta” un latido o que produce una sensación de aleteo en el pecho es una experiencia frecuente en muchas personas. Aunque en algunos casos se trata de alteraciones benignas del ritmo cardíaco, conocidas como arritmias, también puede ser una señal que requiere una valoración especializada.
Los especialistas explican que las arritmias aparecen cuando el sistema eléctrico del corazón presenta una alteración que modifica la velocidad o regularidad de los latidos. Estas pueden manifestarse con un ritmo demasiado rápido, demasiado lento o irregular.
El corazón funciona mediante impulsos eléctricos que coordinan cada contracción. Cuando esos impulsos cambian, pueden aparecer las llamadas palpitaciones: una percepción de latidos acelerados, fuertes, irregulares o como si se hubiera producido una pausa momentánea.

Estas sensaciones suelen hacerse más evidentes durante la noche, al estar acostado o en momentos de descanso, cuando la persona presta mayor atención a los cambios del ritmo cardíaco.
En adultos jóvenes, especialmente entre los 20 y 50 años, algunos episodios pueden provocar aumentos repentinos de la frecuencia cardíaca, llegando incluso a valores cercanos a 180 o 200 latidos por minuto. En esos casos pueden presentarse mareos, ansiedad, sensación de inestabilidad o desmayos.
Las alteraciones del ritmo pueden originarse en diferentes zonas del corazón. Algunas nacen en las aurículas, conocidas como extrasístoles auriculares (PAC), mientras que otras provienen de los ventrículos y reciben el nombre de extrasístoles ventriculares (PVC).

Aunque pueden generar preocupación, estos latidos adicionales suelen ser inofensivos en muchas personas y no necesariamente están relacionados con infartos, accidentes cerebrovasculares o un aumento del riesgo de muerte.
Entre los factores que pueden favorecer su aparición se encuentran:
Alteraciones eléctricas presentes desde el nacimiento.
Problemas en la glándula tiroides.
Cambios hormonales asociados al embarazo o la menopausia.
Consumo elevado de cafeína o alcohol.
Estrés y otros factores que pueden estimular el sistema nervioso.
Cuando los episodios son ocasionales y no afectan la vida diaria, algunas personas pueden convivir con ellos sin necesidad de tratamientos específicos. Sin embargo, si las molestias son frecuentes o intensas, los médicos pueden recomendar medicamentos para reducir estos episodios.
En algunos casos de taquicardia súbita, ciertas maniobras pueden ayudar a recuperar el ritmo normal al estimular el nervio vago, que influye en la actividad cardíaca.
Entre estas técnicas se encuentran la maniobra de Valsalva —hacer fuerza como si se estuviera evacuando—, soplar contra resistencia, compensar la presión de los oídos como durante un vuelo, sumergir el rostro en agua fría o tomar una ducha fría.
Estas medidas pueden ser útiles de manera temporal, pero no sustituyen una evaluación médica cuando los episodios son repetitivos o presentan síntomas importantes.
Cuando las palpitaciones continúan, los especialistas pueden solicitar estudios más avanzados para identificar el origen del problema. Uno de ellos es el estudio electrofisiológico, que permite analizar los circuitos eléctricos del corazón.

Si se encuentra una zona responsable de la arritmia, puede realizarse una ablación con catéter. Este procedimiento consiste en introducir pequeños dispositivos a través de una vena, generalmente desde la zona de la ingle, hasta llegar al corazón para localizar y eliminar el tejido que genera el ritmo anormal.
La intervención suele realizarse con sedación y, en muchos casos, permite que el paciente regrese a casa el mismo día. Después del procedimiento se recomienda limitar esfuerzos durante algunos días para favorecer la recuperación.
La fibrilación auricular: una arritmia más común con la edad
Mientras que las extrasístoles son frecuentes en personas jóvenes, en adultos mayores la alteración del ritmo más habitual es la fibrilación auricular (FA), junto con el flutter auricular.
Estas condiciones pueden provocar palpitaciones, cansancio, mareos, molestias en el pecho o sensación de falta de energía. Sin embargo, algunas personas no presentan síntomas y el diagnóstico aparece durante una revisión médica.
Entre los factores asociados con la fibrilación auricular se encuentran la apnea del sueño no tratada, consumo excesivo de alcohol o cafeína, problemas tiroideos y cambios hormonales.
El manejo de la fibrilación auricular depende de cada paciente y puede incluir medicamentos para controlar la velocidad del corazón, tratamientos para mantener un ritmo regular o procedimientos como la ablación con catéter.
En los últimos años también han surgido nuevas tecnologías, como la ablación por campo pulsado, una técnica que utiliza energía no térmica para actuar sobre las células cardíacas responsables de la arritmia y reducir posibles daños en estructuras cercanas.

Una de las principales preocupaciones de la fibrilación auricular es el riesgo de formación de coágulos dentro del corazón, que pueden desplazarse y provocar un accidente cerebrovascular. Por esta razón, algunos pacientes requieren medicamentos anticoagulantes para disminuir ese peligro.
En personas que no pueden utilizar anticoagulantes, existen alternativas como dispositivos que bloquean la zona del corazón donde suelen originarse la mayoría de los coágulos.
Aunque muchas palpitaciones no representan un peligro grave, es importante consultar a un profesional de salud cuando los episodios son frecuentes, aparecen junto con mareos, desmayos, dolor en el pecho, dificultad para respirar o afectan las actividades diarias.
Un diagnóstico oportuno permite identificar la causa del cambio en el ritmo cardíaco y determinar si solo requiere seguimiento o si necesita tratamiento especializado.
