REFLEXIÓN DEL EVANGELIO

8 de marzo de 2026
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
Reflexión
En su viaje hacia Galilea, Jesús se detiene al pie del monte Ebal, junto a Sicar, donde estaba el famoso pozo del patriarca Jacob, que era el orgullo de los samaritanos. Cansado del camino y a la hora de comer, el Maestro envía a sus discípulos a buscar alimentos y se sienta junto al pozo a esperar. Es entonces cuando llega con su cántaro una samaritana, y se inicia un diálogo y un encuentro entre dos anhelos, simbolizados en el agua, y que se verán colmados: el anhelo divino de salvar a los hombres y la sed de Dios que hay en ellos.
“Dame de beber”, dice Jesús, el antiguo recelo judío hacia los samaritanos, que les retraía incluso de hablarles y emplear sus utensilios, es quebrado por Jesús al pedir ayuda con modestia a la sorprendida samaritana que llega con su cántaro.
En el Antiguo Testamento, “el agua viva” simboliza la acción de Dios. Y en realidad, Jesús es “el don de Dios” que la mujer ignora y el agua viva que se hará en ella “fuente que salta hasta la vida eterna” es la gracia espiritual. Por eso, Jesús prepara a la mujer para recibirla, haciendo que reconozca su situación de pecado, con cinco maridos distintos. La samaritana se interesa entonces por su relación con Dios y dónde adorarlo; y tras la instrucción del Maestro, intuye la auténtica sed de su alma; menciona ya al Mesías, descubre que lo tiene delante y va a anunciarlo a los suyos.
Este célebre pasaje del evangelio de san Juan narra un itinerario de conversión precioso provocado por Jesús. En cierto sentido, tiene un carácter universal y todos podemos vernos reflejados en él. La mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús esos interrogantes profundos que todos tenemos dentro, pero que a menudo ignoramos. También nosotros tenemos muchas preguntas que hacer, ¡pero no encontramos el valor de dirigirlas a Jesús! La cuaresma, queridos hermanos y hermanas, es el tiempo oportuno para mirarnos dentro, para hacer emerger nuestras necesidades espirituales más auténticas, y pedir la ayuda del Señor en la oración. El ejemplo de la samaritana nos invita a expresarnos así: Jesús, dame de esa agua que saciará mi sed eternamente”.
