REFLEXIÓN DEL EVANGELIO

20 de octubre de 2025
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,13-21
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
Reflexión
La segunda parte de la instrucción a los discípulos antes de comenzar la enseñanza a las multitudes tiene que ver con un asunto muy debatido: la plata, el dinero, que tiene en cada uno de nuestros países un nombre popular típico...
El dinero siempre es fuente de conflictos, agresiones y opresión. Uno quita a otro sus derechos por apoderarse de un capital. Los empleados públicos se corrompen dando y recibiendo sobornos. Los candidatos a altos cargos del estado reciben dineros de dudosa procedencia. Fondos destinados a obras sociales van siendo «serruchados» a su paso por las diversas dependencias burocráticas de la administración del Estado y llegan a su destino muy disminuidos, incluso a veces no legan. En toda campaña electoral se aparecen dineros que vienen de nadie sabe dónde... Malversación de fondos, tráfico de influencias, especulación financiera, fuga de capitales, quiebras empresariales ficticias...
De este modo la sociedad se convierte en un mercado donde se negocia con la honestidad, la justicia y el derecho. La ambición, al acaparamiento y el enriquecimiento se tornan entonces, en la medida de toda acción interhumana dando al traste con los grandes valores que deben sostener la sociedad.
En medio de este imperio del dinero, Jesús clama por una comunidad fraterna donde se respete el derecho y la dignidad de las personas. Para llegar allá, es necesario cambiar nuestra actitud ante el dinero. Es necesario dejarlo de considerar el bien supremo, el mayor valor.
