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XV semana del tiempo ordinario

17 de julio de 2026

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 14- 21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.


Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».


Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.


Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?»


Ellos contestaron: «Doce»


«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».


Le respondieron: «Siete».


Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».


Reflexión


En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a reflexionar sobre el descanso dominical. Nos enseña que no es un mero cumplimiento de normas legales, sino que estas reglas están subordinadas a un precepto mayor: honrar a Dios. Los fariseos se enfrentan a Jesús por la cuestión del sábado. Jesús, por su autoridad divina, transmite la interpretación definitiva de la Ley. Dios mandó respetar el sábado, lo instituyó y ordenó que el pueblo se abstuviera de trabajar ese día. Con el tiempo se fue complicando el precepto dado por Dios y se fue convirtiendo en un conjunto de normas rígidas: existían 39 trabajos prohibidos el sábado.


Pero Jesús nos enseña cuál es el verdadero sentido del sábado: honrar a Dios en un día dedicado al Señor que nos recuerda que nuestra vida pertenece y debe estar dirigida a Dios. Para ilustrarlo pone el ejemplo del rey David que, hambriento comió los panes de la proposición. Cuando estamos hambrientos, sedientos o somnolientos, difícilmente nuestra mente puede estar centrada en Dios. Los cristianos, siguiendo esta misma tradición judía, trasladamos el sábado al domingo al ser el día en que se produjo el evento central de nuestra salvación: la resurrección de Cristo. El respeto del descanso dominical nos recuerda la centralidad de Cristo en nuestras vidas.


Necesitamos descansar, pero para volver a centrar nuestra cabeza y corazón en lo más importante de nuestra vida: amar a Dios en nuestro día a día. Por eso, cuando Jesús reprende a los fariseos, lo hace porque su corazón se ha desviado del verdadero propósito del descanso que es honrar a Dios. Cumpliendo una serie de normas los fariseos desvían el precepto hacía sí mismos. Tú y yo, también queremos que Dios sea el centro de nuestra vida. El domingo dirige nuestra mirada a Dios, que es quien realmente puede hacernos felices, y nos recuerda que debemos poner a Dios en el centro de los quehaceres ordinarios.

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