XXII Semana del Tiempo Ordinario
2 de septiembre de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
Pero él les dijo:«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Reflexión
Jesús viene de enfrentar a sus obstinados paisanos y de desafiar a las autoridades al solidarizarse con los que estaban por fuera de la ley. Encuentra a la suegra de Simón postrada por la fiebre. Jesús se dirige a la fiebre y la amonesta. La suegra, liberada de la fiebre que la mantenía atada al lecho, se levanta a servir. Esta señal doméstica es significativa porque muestra cómo las personas liberadas por la Palabra de Dios se incorporan al servicio de la comunidad. La enfermedad, el pecado, las ideologías atan a los seres humanos y no les permiten estar disponibles para servir al prójimo. La Palabra de Jesús los libera de todos esos lazos. Incluso de los más sutiles, como los de las autojustificaciones ideológicas.
Pero la acción de Jesús está abierta a toda la comunidad. Terminada la vigilia del sábado, la gente acude con enfermos que no habían llevado a la sinagoga por temor a fariseos y escribas. Jesús tiene un contacto personal con los afligidos. Comunica la misericordia de Dios con gestos afectuosos y altamente significativos. Pero, evita que el demonio de la vanagloria le toma la delantera. Por eso, elude los pomposos reconocimientos y busca nuevos sitios para evangelizar. No se deja retener por el gentío pobre que quiere acaparar todos los bienes para sí. Hoy estamos presos de diversas fiebres que nos atan y no nos permiten incorporarnos al servicio al prójimo. La comunidad está llamada a liberar a las personas atadas por autojustificaciones ideológicas, problemas psicológicos o por ligaduras de cualquier índole que no les permiten ser libres. Pues, solamente hombres y mujeres libres están en condiciones de servir bien al prójimo.
