XXII Domingo del Tiempo Ordinario
7 de septiembre de 2025

Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
Reflexión
El discípulo es el que camina detrás de Jesús camino a Jerusalén. Muchos caminan con él, pero de hecho pocos llegan a ser sus discípulos. Por eso Jesús define el discipulado y lo hace en términos extremadamente radicales.
Nuestra perícopa de hoy tiene 3 partes: 1ª condiciones para ser discípulo (vv.25-27), 2ª medir fuerzas para decidirse a ser discípulo (vv.28-32) y 3ª conclusión final (v.33). Jesús exige a sus discípulos una preferencia radical por su persona, por encima de todas las relaciones familiares (padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas) y de la preocupación por la vida propia.
Esa preferencia radical se expresa en el semitismo odiar, que significa "preferir por encima de". El discípulo es el que camina detrás de Jesús hacia Jerusalén, llevando su cruz. No se trata de la cruz en general, sino de la misma cruz que Jesús va a asumir en Jerusalén. El discípulo, como Jesús, no asume una cruz cualquiera, sino la cruz por causa del reino de Dios.
Ser discípulo de Jesús es tan radical, que Jesús pide a los que quieren ser discípulos que se lo piensen bien, y midan bien sus fuerzas. Y pone 2 ejemplos: la edificación de una torre y la guerra de un rey contra otro.
Se trata de 2 empresas que exigen mucha reflexión y mucho cálculo. Es triste que se burlen de nosotros y digan: "Este comenzó a edificar y no pudo terminar" (v.30). Muchos deciden ser discípulos de Jesús, pero no llegan con Jesús hasta Jerusalén, y se quedan a medio camino.
