XVIII Semana del Tiempo Ordinario

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Reflexión
Daniel 7, 9-10.13-14
2 Pedro 1, 16-19
Mateo 17, 1-9
La Transfiguración del Señor nos recuerda que la vida cristiana es un camino de subida y de descenso: subir al encuentro con Dios en la oración para contemplar el rostro glorioso de Cristo, escuchar la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo», y fortalecer la esperanza cuando el peso de la cruz parece superar nuestras fuerzas; pero también descender de la montaña para llevar esa luz a la vida cotidiana, donde nos esperan los hermanos que sufren, los enfermos, los pobres, los desanimados y quienes buscan sentido para su existencia. La gloria del Tabor no aparta del Calvario, sino que prepara el corazón para recorrerlo con la certeza de que la cruz conduce a la resurrección. Quien permanece ante Cristo en la oración, especialmente en el misterio de la Eucaristía, recibe la paz y la fortaleza necesarias para convertirse, en medio del mundo, en reflejo de la luz del Señor y testigo de la esperanza que nunca defrauda.
