top of page

Viernes después de la Epifanía del Señor

9 de enero de 2026

reflexion.avif

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según San Marcos 6, 45-52

Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.


Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.


Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.


Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.


Pero él habló enseguida con ellos y les dijo:

«Animo, soy yo, no tengáis miedo».


Entró en la barca con ellos y amainó el viento.


Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.


Reflexión


En el texto del evangelio podemos observar una escena, que se puede considerar como un signo mesiánico: la curación de un leproso, enviándolo seguidamente al sacerdote no sólo para que haga la ofrenda por la purificación, sino también para que sirva de testimonio a todos de su presencia mesiánica entre el pueblo. El judaísmo, en efecto, consideraba la curación de la lepra como uno de los signos de la venida del Mesías.


En esta curación podemos identificar tres elementos esenciales: la súplica confiada del enfermo “Señor, si quieres, puedes curarme”; la respuesta positiva de Jesús, que tocando al leproso realiza la curación “Quiero, queda limpio”; y el envío al sacerdote “Ve, preséntate al sacerdote”. El leproso, considerado un marginado por la comunidad de Israel, con la curación entra de nuevo a formar parte de ella, porque Jesús le devuelve su dignidad. La curación realizada por el Nazareno es símbolo también del perdón y de la misericordia de Dios, y es fundamento de la vida de la Iglesia.


El fragmento del evangelio posee un aspecto particular de la persona de Jesús. Él no sólo cura a los que lo rodean, siendo así que su fama se difunde por doquier, sino que se retira a lugares solitarios para orar. En esto reside la fuerza de Jesús y la autenticidad de su misión: en la constante comunicación con el Padre. En el camino cristiano la oración es la fuerza en el camino, la que sostiene la vida eclesial y la que permite una confianza filial con el Padre.

bottom of page