V semana del tiempo de cuaresma
27 de marzo de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 31-42
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.
Reflexión
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús discutiendo con los judíos, quienes lo acusan de blasfemia, porque decían que siendo hombre se hacía Dios. El Señor aprovechará esta ocasión para dejar en claro dos verdades sobre su persona: que él es el “Hijo de Dios”, como también la relación directa y perfecta que Él tiene con el Padre, tanto así que dice: “el Padre está en mí y yo en el Padre”, manifestando así la íntima comunión mutua.
Para responder, pues, a la acusación, Jesús usa el Salmo 82 que dice: “Yo os digo: Vosotros sois dioses, todos vosotros, hijos del Altísimo”. Con esta cita, el Señor quiere subrayar que, si está permitido llamar a ciertos hombres “hijos de Dios” porque son mensajeros de la Palabra Divina, cuanto más apropiado será para aquel que es la misma Palabra de Dios. Jesús se presenta, así, como el verdadero mensajero de la Palabra, el verdadero “Hijo de Dios”, aquel a quien “el Padre santificó y envió al mundo”.
Ahora que se acerca la Semana Santa podemos quizá hacer un esfuerzo especial, para escuchar con atención cómo las grandes historias, símbolos e imágenes de la historia de Israel tienen su cumplimiento en Jesús, y de modo especial en su Pasión, Muerte y Resurrección.
