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Solemnidad de San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María

19 de marzo de 2026

reflexion.avif

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.


La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.


José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».


Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.



Reflexión


La solemnidad de hoy nos introduce de un modo especialmente entrañable en los designios eternos de Dios. Aunque el protagonista de los versículos escogidos como evangelio de la misa es José, Mateo nos está hablando, en realidad, del origen de Jesús, de su concepción virginal. Al hacerlo, nos revela también la identidad de José, que es a través del que le viene a Jesús, por vía de paternidad legal, su descendencia davídica. José ha de asumir la paternidad legal de aquel que va a salvar al pueblo de Dios de sus pecados.


Antes de oír estas palabras de boca del ángel del Señor, el santo patriarca intuía que se encontraba participando de un misterio para el que se sentía indigno. A más cercanía de Dios más patente se hace nuestra pequeñez y más vértigo sentimos. Pero lo inmediato que quizá nos sale, que es pensar que Dios es como nosotros, que tan a menudo ponemos distancia con los que nos parecen imperfectos, se revela falso. Dios no es así.


Dios confió a José lo más preciado, a Jesús y a María, porque sabía muy bien lo que había en su corazón. La Iglesia se ha confiado a él de un modo muy particular. Descubrimos en José un corazón enamorado, justo, esforzado, capaz de sufrir, dócil. Todo un programa para alguien a quien se confían cosas grandes. Ciertamente, como dice San Pablo, es Dios mismo “quien obra en vosotros el querer y el actuar conforme a su beneplácito” Pero Dios necesita de las disposiciones adecuadas. Y José las tenía, su gran virtud de la obediencia es la que debemos de imitar los cristianos.

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