Memoria Obligatoria de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia
28 de enero de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,31-35)
En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Reflexión
Hoy recordamos al gran Santo Tomás de Aquino, quien nació en 1225, de la familia de los condes de Aquino. Estudió en el monasterio de Montecassino y en Nápoles. A los 18 años, contra la voluntad familiar, ingresó en la Orden dominica. Completó su formación en Colonia y en París, y se convirtió en profesor de filosofía y teología; enseñó en Orvieto, Roma y Nápoles. Era manso, silencioso, contemplativo y devoto; respetuoso con todos y amado por todos. Su obra más famosa es la Suma Teológica. Finalmente murió en 1274.
Hoy en el evangelio vemos la reprobación que hace Jesús de los fariseos, el evangelio de San Mateo la proyecta a quienes en la comunidad cristiana los imitan. Naturalmente, no se trata de tomar las palabras del evangelio en su literalidad e intentar suprimir los términos “maestro, padre, jefe”. De hecho, Pablo se llama “padre” de los corintios y “doctor y maestro de los gentiles”. Lo que hay que suprimir, porque es inadmisible en la Iglesia, es cualquier pretensión de superioridad dentro de ella.
Jesús quiere para sus discípulos otro modo de ser muy diferente y un trato franco, cercano y fraterno. Él nos ha revelado que Dios es nuestro Padre, nosotros somos sus hijos y todos somos hermanos. Filiación y fraternidad son inseparables: y la diferencia está en que “quien quiera ser el más grande que se haga servidor de todos.
