Memoria obligatoria de San Maximiliano Kolbe, mártir
14 de agosto de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».
Él les contestó: «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio».
Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».
Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».
Reflexión
En el Evangelio de hoy, Jesús nos deja un mandamiento muy claro: «Ámense los unos a los otros como yo los he amado». Ya que el amor verdadero no consiste solamente en palabras o sentimientos, el amor es entrega, sacrificio y donación de la propia vida.
Al celebrar hoy a San Maximiliano María Kolbe, se ve reflejado el evangelio en su persona, porque llevó estas palabras de Jesús hasta sus últimas consecuencias. En el campo de concentración de Auschwitz, ofreció su vida para salvar a otro prisionero condenado a muerte. De esta manera, hizo realidad las palabras de Cristo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.
Y somos amigos de Cristo porque Él nos ha elegido y nos ha revelado su amor. Y precisamente porque somos sus amigos, estamos llamados a llevar ese mismo amor a nuestra familia, comunidad, Iglesia y a quienes más necesitan de nosotros. Que San Maximiliano María Kolbe interceda por nosotros para que aprendamos a amar sin medida, servir sin buscar recompensa y, cuando sea necesario, entregar nuestra vida por el bien de los demás.
