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Memoria obligatoria de San Buenaventura

15 de julio de 2026

reflexion.avif

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-27

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.


Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».


Reflexión


Los fariseos y doctores de la ley buscaban ocupar los primeros lugares en las ceremonias y hacían que la gente se dirigiera a ellos con saludos solemnes y títulos honoríficos de padre, maestro (o doctor), jefe... Detrás de esta costumbre social estaba la ambición y la soberbia, que les hacía creerse por encima de los demás en materia de fe religiosa y de moral: se presentaban como los auténticos creyentes, los más virtuosos, los más fieles a la ley divina. Sin embargo, la realidad era que, tras esa fachada de ejemplaridad, encubrían costumbres y modos de vivir reprensibles.


La reprobación que hace Jesús de los fariseos, el evangelio de San Mateo la proyecta a quienes en la comunidad cristiana los imitan. También en la Iglesia se daban –y se siguen dando– gestos y actitudes de ambición y soberbia en personas que han sido puestas al servicio de la comunidad. Sus maneras de presentarse y de tratar a los demás se parecen más a las de los fariseos y doctores de la ley que a las de Jesús, y contradicen los valores de la igualdad y fraternidad que el Señor estableció para las relaciones entre los miembros de su comunidad. Naturalmente, no se trata de tomar las palabras del evangelio en su literalidad e intentar suprimir los términos “maestro, padre, jefe”. De hecho, Pablo se llama “padre” de los corintios (1 Cor 4,15) y “doctor y maestro de los gentiles” (1 Tim 2,7; 2 Tim 1,11). Lo que hay que suprimir, porque es inadmisible en la Iglesia, es cualquier pretensión de superioridad dentro de ella.


Jesús nos enseña que la verdadera grandeza en la comunidad cristiana se basa en la fraternidad y la humildad. Rechaza los títulos de superioridad para recordarnos que todos somos hermanos y que el mayor entre nosotros debe ser el servidor de los demás.

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