Memoria Obligatoria de San Antonio de Padua
13 de junio de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,41-51
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que le dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Reflexión
El éxito de San Antonio como predicador del Reino radicaba en su vivencia profunda y meditada de la Palabra. Reconociendo este don, san Francisco le envió una carta encomendándole la enseñanza de la teología a los frailes jóvenes, a quienes instruyó sobre la esencia de la misión: «La predicación se ha de hacer con las palabras que da el Espíritu Santo y no de la propia cosecha. La palabra es viva cuando hablan las obras. Menos palabras, os lo suplico, y que hablen las obras».El eco de esta instrucción franciscana llegó hasta nuestros días cuando el papa Francisco aconsejó a unos neosacerdotes el día de su ordenación: «Leed y meditad asiduamente la palabra de Dios para creer lo que habéis leído, enseñar lo que habéis aprendido y vivir lo que habéis enseñado». Una síntesis perfecta que resume la coherencia de la vida cristiana.
