Memoria Obligatoria de San Antonio, Abad
17 de enero de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:
«Sígueme».
Se levantó y lo siguió.
Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Reflexión
En el evangelio de hoy observamos que un hombre se le acerca a Jesús. Su pregunta no se refiere a lo que debe hacer para seguir al Maestro ni a las condiciones que le serán impuestas, sino al fin perseguido con este seguimiento, que es la vida eterna. Nuestro hombre conoce el fin, pero pregunta por el camino. A este camino tiene que conducir algo bueno, y el que pregunta sabe que se tiene que hacer algo.
La primera contestación que dio Jesús, está en el Antiguo Testamento, y el joven puede declarar sin reservas que ha cumplido todo lo que Jesús menciona. Sin embargo, hay que poder decir algo nuevo, porque la persona y la actividad de Jesús para él tienen una apariencia nueva. El joven desde el principio debió de esperar que Jesús le diera una orden especial que excediera lo ordinario. Ya que el Señor en primer lugar le da una respuesta tradicional que expresa la unidad con lo que se ha ido transmitiendo en Israel, el joven ahora tiene que preguntar expresamente por lo nuevo: ¿Qué me falta todavía?
Todo cristiano sabe que no basta con parecer bueno, sino que más bien hay que actuar según la voluntad de Dios, y Dios da, y da en abundancia, pero exige, exige una vida santa y para hacer esto hay que renunciar a lo que no nos deja avanzar y embota el corazón, para el joven era la riqueza y ahora la pregunta es para nosotros: ¿Qué nos impide avanzar en la vida cristiana?
