Memoria obligatoria de los santos Timote y Tito, obispos.
26 de enero de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 1-4; 4, 14- 21
Ilustre Teófilo:
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.
Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Reflexión
El evangelio de hoy nos presenta un momento crucial en la vida pública de Jesús, que es la extensión de su misión a los discípulos. El Maestro, luego de prepararlos y darles el ejemplo, los manda para que extiendan y den a conocer a todos las noticias sobre el Reino de Dios. Lucas nos cuenta que Jesús quiere difundir su mensaje en todas las direcciones y envía cada vez a más personas a “sembrar la semilla”.
Este envío fue el inicio de la difusión del buen olor de Cristo que tantos cristianos y cristianas harían por el mundo. Jesús los envía recordándoles, sin embargo, que la oración es el modo de llevar adelante nuestra tarea, ya que es Dios quien llama personalmente a los operarios, es Dios el que nos dice cómo y cuándo sembrar la semilla, es Dios el que nos enciende en deseos de que muchas personas conozcan la gracia y alegría de la fe, porque “la mies es mucha y los obreros son pocos”.
Pidamos hoy, al recordar la memoria de estos dos grandes santos, muchos obreros para la mies, que sepan estar muy unidos a Dios por la oración y plenamente dispuestos a ponerse en sus manos para la misión que les tenga encomendada.
