IV semana del tiempo ordinario
7 de febrero de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Reflexión
Hoy nos encontramos con los discípulos que vuelven luego de este envío misionero y que Jesús los lleva a descansar. Pero, mientras tanto la gente que tiene sed de la palabra de Dios, se las arregla para encontrarlos. Jesús, siente compasión por ellos, que están sedientos, hambrientos como ovejas que no tienen pastor.
La Palabra de Dios nos vuelve a proponer un tema fundamental y siempre fascinante de la Biblia: nos recuerda que Dios es el Pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos a buenos pastos, donde podamos alimentarnos y reposar; no quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos a la meta de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida. Es lo que desea cada padre y cada madre para sus propios hijos: el bien, la felicidad, la realización. En el Evangelio de hoy Jesús se presenta como Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada por así decirlo "pastoral". Por ejemplo, en Evangelio se nos dice que, "habiendo bajado de la barca, vio una gran multitud; tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas".
Que aprendamos de Jesús a mirar a los demás con compasión, que siempre la misión sea primero en nuestras vidas, que no nos gane nuestro egoísmo, deseos personales y que siempre podamos anteponer el amor de Dios y amor por instaurar el reino a todas las cosas.
