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Evangelio del día, 26 de septiembre

26 de septiembre de 2025

reflexion.avif

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-22


Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:

«¿Quién dice la gente que soy yo?»


Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».


Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».


Pedro respondió:

«El Mesías de Dios».


Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. porque decía:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».


Reflexión


"Derramaré paz y prosperidad"

A distancia de medio milenio del nacimiento de Jesús, el Mesías que anuncia el profeta Ageo toma la forma de un templo a reconstruir y, más en concreto, animaba a poner manos a la obra para levantar el edificio promovido por el rey Salomón, sucesor de David. A la vuelta de la deportación de Babilonia los judíos encontraron en Palestina ruinas por todas partes y, señaladamente, en el lugar que ocupó su esplendoroso templo destruido por las llamas. Es verdad que el gobernador de Judá, Zorobabel, secundó la llamada profética y se llegó a realizar una cierta reconstrucción.


Pero el mensaje de Ageo, es decir, de Dios, no terminaba en la reedificación de un edificio material. Miraba hacia la reconstrucción a fondo de la humanidad en la plenitud de los tiempos mesiánicos. Es el propio Jesús, el Hijo de Dios encarnado, quien lo aclara en el contexto de una controversia con los judíos: —«Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2, 19). Jesús hablaba del templo de su cuerpo, muerto y vuelto a la vida al tercer día. Al anuncio de este templo vivo y definitivo se extendía la profecía de Ageo. Es el «templo de Jesús» el que levantan y veneran como corresponde los cristianos.


Con el templo no hecho por manos humanas, es decir con la persona de Jesús, llega la paz y prosperidad para el género humano redimido. En él está la gloria de Dios que acoge y aleja todo temor mientras dura el recorrido de la vida.

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