Conmemoración de todos los fieles difuntos
2 de noviembre de 2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomas le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor
Reflexión
Después de celebrar ayer la fiesta dedicada a todas las personas que gozan de la presencia de Dios en el Cielo, la Iglesia nos invita a rezar hoy de modo especial por los difuntos. El Evangelio seleccionado recoge una pequeña parte del diálogo de Jesús con sus apóstoles durante la Última Cena, en el que, a raíz de una pregunta de Tomás, les revela que solo a través de Él se puede llegar al Padre.
Podemos imaginar la inquietud e incertidumbre de los apóstoles ante los acontecimientos que están viviendo. Desde la preparación de la cena los días previos con las indicaciones concretas sobre el lugar de la celebración; el comienzo con el lavatorio de los pies y el mandato universal de amarse y servirse los unos a los otros como él hizo durante los tres años de enseñanza con ellos. El Maestro se ha mostrado en un modo especialmente solemne y, también, emotivo. Seguramente percibirían que estaban a las puertas de algo grande, quizá ese algoque no terminaban de entender desde que comenzaron gozosos a seguirle.
Es natural que los hombres, ante la muerte, sintamos también inquietud e incertidumbre. Incluso miedo. Es el momento final, aquel al que nos hemos preparado desde siempre y que sabemos que a todos nos llegará algún día. En este contexto, Jesús nos pide que confiemos en él. Que creamos en Él, porque no nos dejará solos en ese momento y nos llevará a su morada celestial. Por eso Jesús es el Camino, porque no somos nosotros quienes alcanzamos el cielo, sino que nos conduce Él.
