Aún hay esperanza
- Pastora Carolina Montero

- hace 1 día
- 2 min de lectura

Una palabra para quienes llegan cansados a mitad de año.
Llegamos a junio.
Sin darnos cuenta, la mitad del año ya quedó atrás. Y mientras algunas personas celebran metas alcanzadas, otras miran estos primeros meses con sentimientos muy distintos.
Quizás este no ha sido el año que imaginabas.
Tal vez comenzaste enero lleno de sueños, expectativas y planes. Pensaste que algunas puertas ya se habrían abierto, que ciertas respuestas habrían llegado o que
algunas situaciones ya estarían resueltas. Sin embargo, la realidad ha sido diferente.
Quizás has tenido que enfrentar pérdidas que no esperabas.

Quizás has vivido momentos de incertidumbre.
Quizás has derramado lágrimas que nadie conoce.
Y quizás, aunque sigues adelante, por dentro te preguntas cuándo llegará tu momento.
Si te identificas con alguna de estas palabras, quiero que sepas algo: no estás solo.
Y, sobre todo, quiero recordarte que aún hay esperanza. Vivimos en una sociedad que constantemente nos impulsa a mostrar fortaleza. Nos acostumbramos a responder que estamos bien, aunque por dentro estemos cansados. Sonreímos mientras luchamos. Seguimos caminando mientras cargamos
preocupaciones que nadie ve.
Hay batallas que se libran en silencio.
Batallas emocionales.
Batallas familiares.
Batallas económicas.
Batallas espirituales.
Y muchas veces las personas que más sonríen son precisamente las que más están luchando.
Pero hay una verdad que nunca debemos olvidar: Dios conoce cada una de nuestras batallas.
Él ve las lágrimas que otros no ven.
Escucha las oraciones que hacemos en secreto.
Conoce las preocupaciones que guardamos en el corazón.
Y sabe exactamente cuánto hemos tenido que luchar para llegar hasta aquí.
Por eso me gusta tanto lo que dice el Salmo 56:8: "Tú llevas la cuenta de mis angustias; has recogido todas mis lágrimas en tu odre."
Qué consuelo saber que ninguna lágrima pasa desapercibida delante de Dios.
Ningún dolor es ignorado.
Ninguna oración cae al vacío.
Quizás hoy no tienes todas las respuestas.
Quizás las circunstancias no han cambiado todavía.
Quizás sigues esperando aquello por lo que has estado orando durante meses.
Y seamos honestos: esperar cansa.
Cansa esperar una oportunidad.
Cansa esperar una sanidad.
Cansa esperar una restauración.
Cansa esperar una respuesta.
Pero una cosa es cansarse y otra muy distinta es perder la esperanza.
La esperanza es la decisión de creer que Dios sigue obrando aun cuando todavía no podemos verlo.
Es confiar en que detrás del silencio hay un propósito. Es entender que los tiempos de Dios no siempre coinciden con los nuestros, pero
siempre son perfectos.
A veces pensamos que porque algo no ha sucedido todavía, nunca sucederá.
Y eso no es verdad.
Dios sigue siendo especialista en abrir caminos donde parece que no los hay.
Sigue siendo especialista en restaurar lo que parecía perdido.
Sigue siendo especialista en levantar a quienes sienten que ya no pueden más.
Por:
Pastora Carolina Montero




Comentarios