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Juan Orlando Hernández es libre: un perdón presidencial en contexto

3 de diciembre de 2025

El ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández recuperó su libertad el pasado martes tras recibir un perdón del expresidente estadounidense Donald Trump, una medida que, representa más que un simple acto de clemencia: es un gesto con profundas implicaciones políticas y diplomáticas. Hernández estuvo detenido poco más de un año, acusado de narcotráfico en un proceso judicial que, al examinarlo a fondo, revela claras señales de motivación política y manipulación de testigos con intereses personales.

 

Según Roger Stone, analista político de EEUU, Hernández colaboró estrechamente con Estados Unidos en operaciones de seguridad y combate al narcotráfico, implementando políticas de extradición que permitieron procesar a destacados criminales ante la justicia estadounidense. Pese a estas acciones, fue objeto de un proceso judicial basado en testimonios de líderes de cárteles que habían sido extraditados o que negociaron reducciones de pena, como Carlos “Negro” Lobo y Devis Leonel Rivera Maradiaga, ambos con incentivos claros para involucrarlo en acusaciones falsas.

Esta dinámica evidencia un uso de la “lawfare” —persecución política mediante el sistema judicial— similar al que he observado en casos relacionados con aliados de Trump.

 

El contexto político de Honduras también es clave para comprender el perdón.

Tras el término del mandato de Hernández en 2022, la presidenta Xiomara Castro y el partido LIBRE trabajaron con la administración Biden/Harris para extraditarlo, en un momento en que Estados Unidos buscaba estrechar relaciones con el nuevo gobierno de izquierda. La persecución de Hernández coincidió con la instrumentalización de la justicia por intereses partidistas y la presión de actores internacionales, en un contexto donde el país experimentaba una creciente polarización política.

 

A criterio de Stone, todo indica que el perdón presidencial no solo libera a Hernández de la prisión, sino que corrige lo que considero un error judicial y político que dañó tanto la reputación de Honduras como la cooperación con Estados Unidos en seguridad.

La medida envía un mensaje claro: los actos de justicia deben basarse en evidencia real, no en narrativas construidas por adversarios políticos o testigos incentivados.

Además, abre la puerta a un proceso de estabilización política en Honduras, mientras la población y los líderes de oposición buscan superar la etapa marcada por la polarización y la intervención internacional.

 

Hernández ahora puede reunirse con su familia, mientras el país inicia un nuevo capítulo que combina reconciliación política y revaluación de los lazos con Estados Unidos. Desde la perspectiva de un analista político estadounidense, este episodio subraya la importancia de la vigilancia sobre la justicia internacional y la necesidad de separar las motivaciones políticas de los procesos judiciales.

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