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Honduras al borde del hambre: 1,7 millones enfrentan inseguridad alimentaria

31 de julio de 2025

La combinación de pobreza estructural, desempleo persistente y altos costos de los alimentos ha empujado a al menos 1,7 millones de hondureños a vivir en condiciones de inseguridad alimentaria y nutricional, según alertaron expertos consultados por académicos y medios locales.

 

El drama golpea con mayor crudeza a la niñez, mujeres embarazadas, adultos mayores y jóvenes en edad productiva, quienes enfrentan graves limitaciones para acceder a una dieta adecuada y balanceada, tanto en cantidad como en calidad.

 

Fiamma García, asistente técnica del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional, indicó que la situación ya no es solo preocupante, sino crítica. "Estas personas no están consumiendo los alimentos que necesitan para mantenerse saludables. En muchos casos, la cantidad es escasa y la calidad, deficiente", advirtió.

 

El panorama empeora en comunidades rurales, zonas urbano-marginales y regiones como el Corredor Seco, donde la pobreza extrema y la sequía dificultan aún más el acceso a productos nutritivos.

 

Héctor Figueroa, director del Instituto de Investigaciones Sociales, señaló que para muchas familias hondureñas reducir las comidas a una o dos por día ya se ha vuelto una práctica de supervivencia. “Tenemos testimonios de padres que prefieren no comer para asegurar que sus hijos o los adultos mayores del hogar puedan hacerlo”, denunció.

 

Actualmente, más de 6,7 millones de hondureños viven en pobreza y al menos 4,4 millones en pobreza extrema, con 1,3 millones sobreviviendo con menos de un dólar diario, según cifras de organismos locales.

 

Además del hambre directa, Figueroa también alertó sobre un fenómeno paradójico: la malnutrición por exceso. “En muchos hogares solo hay acceso a productos baratos, hipercalóricos y sin nutrientes, lo que explica el aumento simultáneo de desnutrición, sobrepeso y obesidad”.

 

A pesar de los recursos millonarios invertidos en programas sociales, los indicadores no muestran mejoría. Los expertos coinciden en que el problema es estructural, pero también político.

La corrupción, la falta de transparencia, la politización de la ayuda social y el incumplimiento de las leyes laborales han profundizado la exclusión y el abandono.

 

“El hambre no tiene color político, pero la ayuda sí”, denunció Figueroa, al señalar que muchas veces los programas sociales se reparten según afiliación partidaria, dejando fuera a quienes más lo necesitan.

 

Otro factor crítico es el estancamiento económico. El país sufre de inseguridad jurídica, inestabilidad política y falta de condiciones para atraer inversión, lo que limita la creación de empleo y ahonda la crisis social.

 

De los 4,4 millones de hondureños que integran la fuerza laboral, dos de cada tres ganan menos del salario mínimo, mientras el costo de la canasta básica ronda los 13.700 lempiras mensuales (unos 522 dólares). Este desbalance contribuye a que incluso quienes trabajan no logren garantizar alimentación digna en sus hogares.

 

Los expertos llaman a una revisión urgente de las políticas públicas para enfrentar esta emergencia desde una perspectiva integral, que incluya generación de empleo digno, seguridad alimentaria, educación nutricional y fortalecimiento institucional.

 

Mientras tanto, el país sigue atrapado en un círculo vicioso donde el hambre avanza silenciosa, y con ella, la desigualdad y el desencanto social.

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