
Castellanos advierte sobre normalizar la violencia

2 de marzo de 2026
2 de marzo de 2026
La directora ejecutiva del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), Gabriela Castellanos, lanzó una reflexión crítica sobre la violencia reiterada en Honduras y el peligro de que la sociedad termine viéndola como algo aceptable o cotidiano, en un análisis que va más allá de los datos y se adentra en el impacto moral que tiene este fenómeno en la conciencia colectiva.
En su columna de opinión titulada El precio de convivir con la violencia, Castellanos señala que no basta con lamentar las estadísticas, sino que la verdadera tragedia es la forma en que la repetición de estas historias transforma la percepción social.
Según la directora del CNA, la violencia no solo se mide por números, sino por la capacidad de conmoverse, empatizar y actuar como sociedad ante cada hecho luctuoso.
“La tragedia se volvió rutina, el duelo se volvió estadística y el espanto empezó a formar parte del paisaje”, escribió Castellanos, advirtiendo que cuando la muerte violenta de una mujer o de cualquier ciudadano deja de generar impacto emocional, se está gestando una anestesia colectiva que deteriora el tejido social.
En su comentario, la líder del CNA destaca informes internacionales que estiman que en Honduras se reporta, en promedio, una muerte violenta de una mujer cada 24 horas, una cifra que por sí sola debería ser motivo de reflexión profunda, más allá de la mera contabilización.
Castellanos también cuestiona el trato informativo y cultural que se da a estos hechos, aludiendo a cómo, con el tiempo, se convierten en notas que se leen y se olvidan, en lugar de catalizadores para políticas públicas eficaces o cambios profundos de mentalidad.
La funcionaria planteó que la pregunta clave para la sociedad hondureña no debería ser cuántos crímenes ocurren, sino cómo mantener viva la empatía y el sentido de responsabilidad social frente a cada víctima.
Al cierre de su columna, la directora del CNA hizo un llamado a no dejar que la repetición de tragedias silencie la indignación ni erosione la capacidad de conmoverse y reaccionar colectivamente para buscar soluciones duraderas a la violencia que aqueja al país.
Castellanos enfatiza que lo verdaderamente grave no es solo la persistencia de la violencia, sino la posibilidad de que las personas se acostumbren a ella, perdiendo sensibilidad y dejando de exigir respuestas eficaces desde el Estado y la sociedad.



