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Trump anuncia intento de control sobre bases en Groenlandia

Aunque Trump descartó públicamente el uso de la fuerza para lograr cualquier cambio en la soberanía, su insistencia colocó el tema en el centro del debate diplomático internacional. 

26 de enero de 2026

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país avanzará hacia la soberanía sobre el suelo donde se ubican sus bases militares en Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa, como parte de su nueva estrategia geopolítica en el Ártico. Esta declaración fue hecha en una entrevista publicada a finales de enero de 2026, en el marco de conversaciones previstas con la OTAN sobre la seguridad en la región.

 

Trump aseguró que, gracias a un “marco preliminar” acordado recientemente en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) con líderes de la OTAN, incluidos el secretario general de la alianza, Mark Rutte, Estados Unidos podría ejercer control soberano sobre las áreas donde se encuentran sus instalaciones militares en Groenlandia. “Tendremos todo lo que queramos”, declaró el mandatario en diálogo con el diario The New York Post, sin proporcionar detalles precisos sobre la modalidad ni el alcance legal de ese acuerdo.

 

La isla ártica —clave para la vigilancia estratégica y el despliegue militar de Washington desde la Segunda Guerra Mundial, principalmente a través de la base de Pituffik (antes conocida como Thule)— ha cobrado relevancia geopolítica en los últimos años a medida que aumenta el interés internacional por sus rutas marítimas emergentes y sus recursos minerales, potenciados por el deshielo del Ártico.

 

Según Trump, la intención de asegurar la soberanía del suelo de esas bases responde a una visión de fortalecimiento de la seguridad nacional estadounidense y de la alianza atlántica, aunque no detalló cómo se traduciría ese control en la práctica ni si implicaría cambios en los actuales acuerdos de defensa con Dinamarca, el país que tiene jurisdicción sobre Groenlandia.

 

La propuesta ha generado inquietud entre aliados europeos y en Copenhague, donde líderes y representantes han reafirmado que Groenlandia es un territorio danés con autogobierno considerable, y han subrayado que cualquier modificación de su estatus requeriría acuerdo explícito entre las partes. Además, expertos internacionales han advertido que conceder soberanía territorial sobre bases militares a otro país podría plantear desafíos jurídicos y políticos significativos, comparables a los que surgen con otras instalaciones extranjeras con estatus especial.

 

Aunque Trump descartó públicamente el uso de la fuerza para lograr cualquier cambio en la soberanía, su insistencia colocó el tema en el centro del debate diplomático internacional, con voces críticas que señalan que proponer un mayor control estadounidense sobre territorio extranjero podría afectar las relaciones con socios tradicionales en Europa, así como el tejido de alianzas en el Ártico.

 

Dinamarca y Groenlandia aún no han emitido una respuesta oficial detallada al plan planteado por la Casa Blanca, y se espera que las conversaciones diplomáticas avanzarán en las próximas semanas para definir si el marco acordado con la OTAN logra traducirse en acuerdos formales sobre soberanía, presencia militar y cooperación estratégica en el norte global.

 

El debate sobre Groenlandia ilustra la complejidad de la política exterior contemporánea, donde cuestiones de defensa, recursos naturales y relaciones con aliados se cruzan en un escenario global cada vez más competitivo.

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