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Putin y Trump elevan tensiones nucleares

7 de noviembre de 2025

La tensión estratégica entre Rusia y Estados Unidos alcanzó nuevos niveles luego de que el presidente ruso, Vladímir Putin, sugiriera la posibilidad de reanudar los ensayos nucleares, un gesto que se produce tras la orden del mandatario estadounidense Donald Trump de realizar pruebas similares. La medida de ambas potencias, que no efectuaban pruebas nucleares desde principios de los años 90, amenaza con poner fin a décadas de moratoria.

 

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó la reacción occidental de “histeria militarista antirrusa” y defendió que cualquier conflicto podría resolverse de manera diplomática y legal.

En paralelo, el viceministro de Defensa ruso y otros asesores recomendaron realizar las pruebas para demostrar la fuerza del país frente a sanciones y presiones externas. Putin optó por una posición intermedia: mantener la moratoria mientras EEUU haga lo mismo, a la vez que ordenó al Gobierno un informe sobre la necesidad de reiniciar los ensayos.

 

En Estados Unidos, Trump aclaró que su orden busca garantizar la paridad estratégica con Rusia y China. No obstante, el secretario de Energía, Chris Wrigh, indicó que hasta ahora las pruebas previstas se limitan a sistemas de lanzamiento y no incluyen explosiones nucleares. De hecho, el país realizó un lanzamiento de prueba con un misil intercontinental Minuteman III desde California, generando interpretaciones contradictorias sobre la magnitud real de la acción.

 

Ambos líderes consideran que los tratados de control de armamento, como el START III, se han vuelto obsoletos, especialmente porque no contemplan a otras potencias nucleares como China, India, Pakistán, Israel, Francia y Reino Unido. Mientras tanto, expertos señalan que Rusia necesitaría meses o incluso años de preparación para retomar pruebas nucleares en lugares como el polígono de Nueva Zembla, históricamente utilizado durante la era soviética.

 

Analistas advierten que este intercambio de declaraciones y gestos constituye más una guerra de nervios que un inminente conflicto nuclear, pero genera preocupación internacional por la escalada retórica entre las superpotencias. Según encuestas internas rusas, el 83 % de los ciudadanos están cansados de la operación militar en Ucrania, lo que podría motivar al Kremlin a reforzar la narrativa de amenazas externas para mantener apoyo interno.

 

La situación marca un retroceso en la estabilidad nuclear global, poniendo nuevamente sobre la mesa el riesgo de confrontaciones indirectas y recordando que, décadas después, las armas estratégicas siguen siendo un factor central en la política internacional entre Moscú y Washington.

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