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Pruebas nucleares reactivaron fallas en Corea del Norte

Pruebas nucleares reactivaron fallas en Corea del Norte

Corea del Norte realizó seis ensayos nucleares subterráneos en Punggye-ri entre 2006 y 2017.

La última detonación, efectuada en septiembre de 2017, fue la más potente y produjo un evento sísmico de magnitud 6,3.

6 de octubre de 2026

Las pruebas nucleares subterráneas realizadas por Corea del Norte durante más de una década habrían provocado cambios duraderos en la corteza terrestre alrededor del monte Mantap, donde se encuentra el complejo de Punggye-ri. Un estudio publicado en la revista Science detectó una actividad sísmica inusual que continuó e incluso aumentó años después del último ensayo nuclear.

 

Corea del Norte realizó seis ensayos nucleares subterráneos en Punggye-ri entre 2006 y 2017.

La última detonación, efectuada en septiembre de 2017, fue la más potente y produjo un evento sísmico de magnitud 6,3. Hasta entonces, la zona era considerada relativamente estable desde el punto de vista sísmico.

 

La investigación fue desarrollada por científicos de Corea del Sur y China, quienes analizaron aproximadamente 17 años de registros sísmicos recopilados entre 2008 y mayo de 2025. El análisis permitió identificar 1,399 sismos en las cercanías del sitio de pruebas, una cantidad que llamó especialmente la atención por la evolución de la actividad con el paso del tiempo.

 

Uno de los aspectos más llamativos es que los movimientos telúricos no siguieron el patrón habitual observado después de una explosión subterránea. Normalmente, los pequeños terremotos generados por una detonación disminuyen progresivamente, pero en Punggye-ri la actividad sísmica aumentó después de la prueba de 2017 y continuó durante varios años.

 

Los investigadores determinaron que los terremotos se concentraron en estructuras asociadas con fallas geológicas situadas alrededor del monte Mantap. La hipótesis científica apunta a que las sucesivas explosiones dañaron las rocas y modificaron la distribución de las tensiones dentro de la corteza, dejando algunas fallas en condiciones favorables para volver a desplazarse.

 

La última prueba habría tenido un rendimiento estimado de entre 100 y 250 kilotones, según estimaciones citadas por investigadores. Su enorme energía provocó una fuerte alteración del subsuelo y, de acuerdo con el nuevo estudio, pudo contribuir a desencadenar procesos geológicos que se prolongaron mucho después de que Corea del Norte dejara de realizar ensayos en la zona.

 

Los científicos consideran que el caso resulta especialmente relevante porque demuestra que una explosión nuclear subterránea puede tener efectos sísmicos mucho más prolongados de lo esperado bajo determinadas condiciones geológicas. El fenómeno también complica la diferenciación entre terremotos naturales y aquellos relacionados con actividades humanas en regiones donde existen fallas sometidas a tensión.

 

El hallazgo no significa que Corea del Norte haya retomado sus pruebas nucleares. La actividad registrada corresponde, según la investigación, a las consecuencias tardías de los ensayos realizados anteriormente. Los resultados ofrecen además nuevos elementos para vigilar otros antiguos campos de pruebas nucleares y comprender cómo estas explosiones pueden modificar el comportamiento de la corteza terrestre a largo plazo.

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