La sequía deja una huella que aumenta el calentamiento
Entre las regiones que presentan una mayor sensibilidad aparecen Norteamérica, el este de China, zonas del África subsahariana y el oeste de la Amazonía, donde la reducción de la humedad puede tener consecuencias particularmente importantes sobre los ecosistemas.

1 de octubre de 2026
Las consecuencias de una sequía pueden prolongarse mucho después de que regresen las lluvias y contribuir al aumento de las temperaturas, según una investigación científica realizada a escala mundial. El estudio concluye que la recuperación de la humedad del suelo no genera un efecto de enfriamiento equivalente al calentamiento producido por la pérdida de agua.
La investigación fue publicada en Nature Communications y contó con la participación de científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF). Para desarrollar el análisis se utilizaron registros de clima y humedad del suelo correspondientes al período comprendido entre 1980 y 2024.
Los investigadores también recurrieron a 17 modelos del sistema terrestre para estudiar qué ocurre durante el año posterior a una sequía y cómo evolucionan variables como la temperatura, la vegetación, la transpiración de las plantas y la absorción de dióxido de carbono. Los resultados muestran que el impacto de estos episodios extremos puede mantenerse incluso cuando el suelo comienza a recuperar agua.
Uno de los principales hallazgos establece que una reducción determinada de la humedad del suelo puede provocar un aumento de aproximadamente 0,13 grados Celsius en la temperatura, mientras que una recuperación equivalente de agua solamente genera una disminución cercana a 0,06 grados. Esta diferencia evidencia una respuesta desigual entre la pérdida y recuperación de humedad.
Los científicos explican que parte del fenómeno está relacionada con el estado de la vegetación. Después de una sequía severa, las plantas pueden sufrir daños que no desaparecen inmediatamente cuando vuelve el agua. Su capacidad para transpirar y absorber CO₂ puede tardar en restablecerse, reduciendo temporalmente el efecto de enfriamiento que normalmente ejercen sobre el ambiente.
El efecto posterior de las sequías fue identificado en más del 60 % de las áreas terrestres analizadas. Entre las regiones que presentan una mayor sensibilidad aparecen Norteamérica, el este de China, zonas del África subsahariana y el oeste de la Amazonía, donde la reducción de la humedad puede tener consecuencias particularmente importantes sobre los ecosistemas.
La Amazonía ocupa un lugar destacado debido a su capacidad para transferir grandes cantidades de agua hacia la atmósfera mediante la transpiración de los árboles. Cuando una sequía extrema reduce esa actividad, la selva pierde parte de su capacidad para moderar las temperaturas y también puede disminuir su función como reservorio natural de carbono.
Los autores consideran que estos resultados pueden contribuir a mejorar las proyecciones sobre el calentamiento futuro, ya que los modelos climáticos deben considerar que los efectos de una sequía no terminan necesariamente cuando regresan las precipitaciones.


