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Crisis energética en Cuba por fin del petróleo venezolano

24 de enero de 2026

La cúpula energética de Cuba enfrenta una nueva etapa de incertidumbre tras el cese de los envíos de petróleo procedentes de Venezuela, una situación que ha reactivado largas filas en estaciones de servicio de La Habana y otras provincias mientras la población intenta abastecerse de combustible ante la escasez.

 

El fin de estos suministros, que en 2025 representaron aproximadamente un 30 % del consumo energético de la isla, ocurre en un contexto marcado por fuertes presiones geopolíticas tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y las sanciones impuestas por Estados Unidos. Debido a ello, la llegada de crudo procedente de Caracas se detuvo en las últimas semanas, lo que dejó un hueco considerable en el balance de importaciones de combustible de Cuba.

 

La ausencia del crudo venezolano ha tenido efectos inmediatos en el día a día de los cubanos.

En varias gasolineras ubicadas en zonas urbanas, los vehículos se alinean desde temprano para obtener gasolina, muchas veces durante horas bajo el sol intenso.

 

Estas filas se concentran especialmente en servicentros que venden combustible en dólares, donde aún hay suministro, mientras que estaciones que operan en pesos cubanos lucen vacías por falta de carburante.

 

Muchos conductores y ciudadanos entrevistados por medios locales describen una mezcla de preocupación y urgencia: algunos reciben advertencias y comentarios de que la provisión podría empeorar si no se estabiliza el flujo de combustible desde el exterior.

Esto contrasta con crisis energéticas anteriores, ya que ahora la incertidumbre abarca no solo el tiempo de espera, sino la posibilidad de quedarse sin gasolina por completo.

 

La escasez de petróleo ha generado también presiones económicas adicionales. Analistas locales estiman que la interrupción de estos suministros podría traducirse en una caída significativa de la actividad económica y una inflación progresiva de bienes y servicios básicos, aunque estas proyecciones varían según distintos modelos económicos.

 

Además del impacto en el sector transporte, el combustible es esencial para la generación de energía eléctrica y el funcionamiento de industrias clave. La falta de crudo importado agudiza problemas estructurales que la isla ha enfrentado durante décadas, desde apagones intermitentes hasta limitaciones en la producción agrícola y el transporte de mercancías.

 

Mientras tanto, el gobierno cubano ha estado buscando alternativas para mitigar la crisis, explorando proveedores alternativos como México, que ha mantenido envíos petroleros pese a las tensiones regionales aunque estos abastecimientos no compensan del todo la brecha dejada por Venezuela y refuerzan la importancia estratégica de encontrar soluciones a corto y largo plazo.

 

La situación pone de relieve la vulnerabilidad de Cuba frente a cambios abruptos en su cadena de suministro energético, y plantea interrogantes sobre cómo la isla equilibrará sus necesidades internas con la actual coyuntura geopolítica regional y las sanciones que han redefinido las relaciones internacionales en el Caribe.

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