El PMRC impulsa la clasificación de álbumes con el surgimiento de las “15 sucias”


31 de mayo de 2025
El 31 de mayo de 1985 marcó un hito en la historia de la música popular y la industria discográfica en Estados Unidos, cuando el Centro de Recursos Musicales para Padres (PMRC, por sus siglas en inglés) envió su primera carta formal a la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos (RIAA). En esta misiva, el grupo —liderado por Tipper Gore, esposa del entonces senador Al Gore— solicitaba la implementación de un sistema de clasificación para álbumes y conciertos, con el fin de advertir a los consumidores, especialmente a los padres, sobre el contenido explícito o potencialmente ofensivo en las letras de las canciones.
La iniciativa del PMRC tomó fuerza debido a la influencia política de sus integrantes, entre los que además se encontraban esposas de destacados congresistas, lo que llevó a que la industria musical tomara en serio la demanda, aunque a costa de recortar algunos presupuestos para ciertos proyectos y artistas considerados controvertidos.
Un detonante clave para esta presión fue la canción “Darling Nikki” de Prince, que contenía referencias explícitas de naturaleza sexual y que generó gran controversia por su mensaje directo. En respuesta a estas preocupaciones, y como parte de su campaña, el PMRC publicó poco después una lista conocida como las “15 sucias” (Filthy Fifteen), que contenía 15 canciones consideradas por el grupo como las más problemáticas por su contenido explícito. Esta lista incluía temas con letras que abordaban temas de sexualidad explícita, violencia, drogas, lenguaje malsonante y satanismo.
El impacto de estas acciones fue que la industria discográfica aceptó implementar pegatinas de advertencia en las portadas de los discos que contenían lenguaje ofensivo o temáticas sensibles, un precedente que marcó la forma en que la música sería consumida y regulada en adelante.
Este sistema de etiquetado, aunque criticado por algunos como una forma de censura, también generó un debate sobre la libertad artística, la responsabilidad social y el papel de los padres en la supervisión del contenido que consumen los menores.
El PMRC y su campaña a mediados de los años 80 marcaron así un antes y un después en la relación entre la industria musical, los artistas y el público, con repercusiones que aún son objeto de análisis y discusión.
