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Perito sostiene que Maradona murió de forma súbita

La declaración se produjo durante la audiencia 43 del juicio que se desarrolla en San Isidro, Argentina, por las circunstancias que rodearon la muerte de Maradona, ocurrida el 25 de noviembre de 2020, mientras permanecía bajo atención médica domiciliaria.

18 de septiembre de 2026

El cardiólogo Ricardo Iglesias declaró ante el tribunal que juzga a siete profesionales de la salud por la muerte de Diego Armando Maradona que el exfutbolista sufrió una muerte súbita y que, según su evaluación, no presentaba una enfermedad cardíaca evidente que permitiera anticipar el desenlace.

 

La declaración se produjo durante la audiencia 43 del juicio que se desarrolla en San Isidro, Argentina, por las circunstancias que rodearon la muerte de Maradona, ocurrida el 25 de noviembre de 2020, mientras permanecía bajo atención médica domiciliaria. En el proceso están acusados siete profesionales que participaron de su atención en los últimos meses de vida.

 

Iglesias, quien formó parte de la junta médica interdisciplinaria creada en 2021, sostuvo que Maradona tenía un corazón que consideró “absolutamente normal” al momento de su fallecimiento. Según su explicación ante los jueces, había sido sometido a dos ecocardiogramas durante el año anterior y pasó por tres intervenciones quirúrgicas sin que los médicos que lo atendieron detectaran una patología cardíaca activa.

 

El especialista también señaló que el exfutbolista había sido atendido por 17 médicos en tres instituciones diferentes. A partir de esos antecedentes, afirmó que no existían elementos suficientes que permitieran prever un evento cardíaco fatal de manera anticipada.

 

Su versión contradice parte de los testimonios ofrecidos anteriormente durante el proceso. Otros médicos y peritos señalaron que Maradona padecía una miocardiopatía dilatada, tenía el corazón agrandado y presentaba evidencias que, según sus interpretaciones, eran compatibles con un período prolongado de deterioro antes de su muerte.

 

Iglesias reconoció que Maradona había sido diagnosticado en el año 2000 con una miocardiopatía dilatada relacionada con el consumo de sustancias tóxicas. Sin embargo, sostuvo que esa condición podía revertirse una vez controlado el problema que la había provocado y defendió la conclusión de que no existía una enfermedad cardíaca activa que permitiera considerarlo un paciente de alto riesgo en el momento de su muerte.

 

Durante la audiencia también se abordaron síntomas registrados antes del fallecimiento, entre ellos hinchazón, taquicardia, fatiga y ronquidos. El fiscal cuestionó al especialista sobre si esos signos podían haber representado señales de alarma, mientras Iglesias sostuvo que no constituían elementos suficientes para anticipar el desenlace, aunque admitió que algunos episodios vinculados con hipertensión podían haber requerido determinadas medidas médicas.

 

La declaración vuelve a poner en discusión uno de los principales puntos del juicio: si la muerte de Maradona fue un acontecimiento imposible de anticipar o si existieron señales que debieron haber sido detectadas y atendidas por el equipo responsable de su cuidado. La junta médica de 2021 había concluido que la atención recibida fue “inadecuada, deficiente y temeraria”, una valoración que Iglesias firmó en disconformidad.

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