La economía crece, ¿y las oportunidades?


Durante los primeros meses de 2026, la economía hondureña ha mostrado señales positivas. De acuerdo con el Banco Central de Honduras, la actividad económica registró un crecimiento acumulado de 3.3% a mayo. Las expectativas de los analistas sitúan el crecimiento anual alrededor del 3.6% y el Índice de Confianza de la Actividad Económica alcanzó, en junio, su nivel más alto para ese mismo mes en los últimos seis años.
Estos resultados son importantes. Una economía que crece genera mejores condiciones para atraer inversión, ampliar la actividad empresarial, fortalecer las finanzas públicas y crear empleo. También transmite una señal de estabilidad en medio de un entorno internacional marcado por tensiones geopolíticas, restricciones comerciales y mayores costos de energía y alimentos.
Sin embargo, frente a estos indicadores surge una pregunta inevitable: si la economía está creciendo, ¿están creciendo también las oportunidades para los hondureños?
La respuesta no es sencilla. Las estadísticas macroeconómicas muestran el desempeño general del país, pero no siempre reflejan con la misma claridad lo que sucede en los hogares. Una economía puede crecer mientras una parte considerable de la población continúa enfrentando dificultades para obtener un empleo formal, incrementar sus ingresos, desarrollar un emprendimiento o mejorar sus condiciones de vida.

El Banco Mundial estima que el 47.6% de la población hondureña vive con menos de 8.30 dólares diarios. También señala que las remesas representan más de una cuarta parte del producto interno bruto. Estos recursos han sido fundamentales para sostener el consumo y atender las necesidades de miles de familias, pero también revelan cuánto depende nuestra economía de las oportunidades que los hondureños encuentran fuera del país.
El crecimiento, por lo tanto, es necesario, pero no suficiente. Su verdadero valor está en su capacidad para convertirse en desarrollo: mejores empleos, empresas más productivas, mayores ingresos y posibilidades reales de movilidad social.

Con frecuencia evaluamos el desempeño de una economía preguntando cuánto produjo en comparación con el año anterior. Es una medición relevante, pero incompleta. También deberíamos preguntarnos cómo se produjo, qué capacidades se desarrollaron y cuántas oportunidades nuevas se generaron.
El desafío de Honduras no consiste únicamente en producir más, sino en producir mejor.
La productividad aumenta cuando una empresa incorpora tecnología, mejora sus procesos, desarrolla el talento de sus colaboradores o crea productos con mayor valor agregado. También mejora cuando un trabajador adquiere nuevas competencias que le permiten resolver problemas más complejos, asumir mayores responsabilidades y acceder a mejores ingresos.
Cuando la productividad no crece, las posibilidades de mejorar los salarios se reducen.
Las empresas pueden aumentar sus ventas, pero continúan compitiendo principalmente mediante bajos costos. Los emprendimientos logran sobrevivir, pero no necesariamente evolucionan. Los trabajadores se mantienen ocupados, pero con pocas posibilidades de progresar.
Por eso, la productividad no es un concepto reservado para economistas o grandes corporaciones. Está directamente relacionada con la capacidad de una persona de encontrar un mejor empleo, con la posibilidad de que una pequeña empresa contrate nuevos colaboradores y con la oportunidad de que una comunidad atraiga inversión.

Honduras cuenta con sectores que han mostrado dinamismo, entre ellos la intermediación financiera, las telecomunicaciones, la construcción, el transporte, el comercio y algunas actividades de exportación. El siguiente paso debe ser lograr que ese dinamismo se extienda hacia más empresas, regiones y personas.
Formar el talento que la economía necesita
La primera condición para conseguirlo es fortalecer el talento humano. No basta con aumentar los años de escolaridad o el número de títulos emitidos. Necesitamos asegurar que las personas desarrollen las competencias que les permitan participar en una economía que está cambiando rápidamente.
Las empresas requieren profesionales y técnicos que puedan utilizar nuevas tecnologías, analizar información, comunicarse efectivamente, trabajar con otros y adaptarse a procesos diferentes. También necesitan capacidades técnicas específicas en áreas como manufactura, logística, construcción, energía, salud, turismo, agricultura y servicios digitales.
Esto exige una relación más cercana entre el sistema educativo y el sector productivo. Las empresas pueden aportar información sobre las competencias que necesitan, mientras las instituciones educativas pueden traducir esas necesidades en programas, certificaciones y experiencias de aprendizaje.
Las pasantías, el aprendizaje dual, los proyectos desarrollados con empresas y la investigación aplicada deben adquirir mayor relevancia. Esta vinculación no puede limitarse a la firma de convenios. Debe reflejarse en oportunidades concretas para que los estudiantes aprendan en contextos reales y para que las empresas encuentren soluciones a sus desafíos.
También necesitamos reconocer el valor de la educación técnica y de las certificaciones profesionales. No todas las personas requieren seguir la misma ruta ni todos los empleos demandan una carrera universitaria tradicional. Honduras necesita ofrecer caminos formativos diversos, conectados entre sí y con posibilidades de continuar aprendiendo a lo largo de la vida.
Transformar las mipymes
Una segunda prioridad es elevar la productividad de las micro, pequeñas y medianas empresas. En ellas se concentra una parte importante del empleo y del ingreso de las familias hondureñas. Por lo tanto, cualquier estrategia que busque ampliar las oportunidades debe considerar su transformación. Muchas mipymes enfrentan dificultades para acceder a financiamiento, incorporar tecnología, capacitar a sus colaboradores o ingresar a nuevos mercados. Algunas continúan operando con procesos manuales, registros incompletos y escasa información para tomar decisiones.
La digitalización puede ayudarlas a gestionar inventarios, conocer mejor a sus clientes, reducir costos y ampliar sus canales de venta. La inteligencia artificial también comienza a ofrecer herramientas accesibles para automatizar tareas, analizar información, mejorar el servicio y desarrollar contenidos. Estas posibilidades no deberían permanecer concentradas en las grandes empresas.

Honduras podría impulsar programas de acompañamiento que combinen financiamiento, asistencia técnica y formación. No se trata únicamente de entregar recursos, sino de ayudar a las empresas a fortalecer su gestión, adoptar tecnología y construir modelos de negocio sostenibles.
Una pequeña empresa que mejora su productividad no solo incrementa sus utilidades. Puede pagar mejores salarios, contratar más personas, formalizar sus operaciones y generar nuevas oportunidades en su comunidad.
Crear oportunidades desde las regiones
El crecimiento también debe extenderse más allá de las principales ciudades. Las oportunidades productivas de Honduras son diferentes en cada territorio. Algunas regiones poseen ventajas en agricultura, turismo, manufactura, logística, industrias creativas o servicios. Una estrategia nacional de productividad debe reconocer estas particularidades y evitar soluciones idénticas para realidades distintas.
Las universidades, gobiernos locales, empresas y organizaciones comunitarias pueden identificar las capacidades y necesidades de cada región. A partir de ello, pueden desarrollarse programas de formación, centros de innovación, proyectos de emprendimiento y agendas de inversión vinculadas con las oportunidades locales.
Cuando las personas no encuentran opciones de desarrollo en sus comunidades, migran hacia las principales ciudades o fuera del país. Crear oportunidades desde los territorios también significa permitir que más hondureños puedan construir su futuro sin verse obligados a abandonar su lugar de origen.
Medir la calidad del crecimiento
Finalmente, debemos ampliar la forma en que evaluamos el progreso económico. El crecimiento del producto interno bruto seguirá siendo un indicador fundamental, pero debería acompañarse de otras preguntas: ¿cuántos empleos formales se crearon?, ¿mejoraron los ingresos?, ¿aumentó la productividad?, ¿cuántas pequeñas empresas lograron crecer?, ¿se redujeron las diferencias entre regiones?, ¿más jóvenes consiguieron su primera oportunidad laboral?
Estas mediciones permitirían distinguir entre un crecimiento que aumenta las cifras y otro que transforma las condiciones de vida. También ayudarían a orientar mejor las decisiones públicas y privadas.
Honduras necesita una agenda que conecte crecimiento, productividad y oportunidades. Esa agenda requiere formar talento pertinente, transformar las mipymes, fortalecer la relación entre educación y empresa, aprovechar las capacidades de cada región y medir los resultados que realmente importan para las personas.
Las señales económicas positivas deben reconocerse y aprovecharse. Constituyen una base sobre la cual podemos construir. Pero no debemos conformarnos con que la economía crezca si ese crecimiento no abre nuevos caminos para quienes buscan empleo, para quienes desean emprender y para quienes aspiran a mejorar su calidad de vida.
Las cifras pueden indicarnos que Honduras está avanzando. La expansión de las oportunidades será la que confirme que avanzamos en la dirección correcta.
Por: Javier Salgado Lezama
Ingeniero Civil, con Maestría en Desarrollo Local
Vicerrector Académico Nacional de la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC)


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