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Honduras en riesgo: 2.2 millones enfrentarán inseguridad alimentaria para junio de 2025

24 de febrero de 2025

Honduras atraviesa una crisis alimentaria creciente que amenaza con afectar a 2.2 millones de personas para junio de 2025, según proyecciones del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSAN). Sin alcanzar niveles críticos, la situación empeora día a día, con familias que apenas pueden acceder a uno o dos tiempos de comida, en porciones insuficientes para una nutrición adecuada.

 

Actualmente, 225,589 hondureños se encuentran en fase 4 de inseguridad alimentaria, una condición en la que la desnutrición aguda y la mortalidad aumentan de manera significativa. Según el último informe de la Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), 1.9 millones de personas ya estaban en crisis alimentaria en 2024, de las cuales 1.6 millones estaban en fase 3 y 174,000 en fase 4.

 

Según la coordinadora del OBSAN, María Luisa García, las cifras continúan en ascenso y podrían alcanzar los 2.2 millones de afectados para mitad de año. "La inseguridad alimentaria implica que estos ciudadanos no tienen garantizados los tres tiempos de comida esenciales", advirtió.

 

Honduras enfrenta un contexto particularmente adverso, con factores económicos, sociales y ambientales que agravan la situación:

 

Aumento del costo de la canasta básica: El encarecimiento de los alimentos dificulta el acceso a una dieta balanceada, especialmente en los sectores más vulnerables.

 

Desempleo y subempleo: Según datos del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) y el Instituto Nacional de Estadística (INE), el desempleo alcanza el 8% y el subempleo el 6.4%, afectando los ingresos familiares.

 

Impacto de la tormenta Sara (2024): La producción de granos básicos, frutas, verduras y productos lácteos sufrió graves afectaciones.

 

Dependencia de remesas: Miles de hogares dependen de envíos de dinero del extranjero, lo que los hace vulnerables a fluctuaciones económicas y políticas en otros países.

 

Migración y deportaciones: Un aumento en las deportaciones desde Estados Unidos podría reducir los ingresos familiares, agravando la crisis.

 

Las regiones más afectadas incluyen Gracias a Dios, Lempira, Yoro, Choluteca, Santa Bárbara y La Paz. Históricamente, el Corredor Seco ha sido la zona más vulnerable, pero la región atlántica también ha comenzado a sufrir los estragos de la crisis alimentaria.

 

El coordinador del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH), Mauricio Díaz Burdett, criticó el manejo de los recursos públicos y el endeudamiento sin resultados tangibles para reducir la pobreza. "Cada año los hondureños pagan más impuestos, el presupuesto sigue creciendo, pero no se traduce en mejores condiciones para la población", denunció.

 

Díaz Burdett también señaló que el consumo de carne se ha convertido en un lujo para muchas familias. "Para que una persona coma carne hoy en día está muy difícil, es casi un artículo suntuario en la economía doméstica", afirmó.

 

Por su parte, José Chacón, director ejecutivo de la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (Fenagh), destacó el problema de la malnutrición y la incapacidad de los hogares para cubrir la canasta básica. "Necesitamos entre 10,000 y 12,000 lempiras para cubrir la canasta básica, pero la mayoría de los hondureños ganan el salario mínimo y no ajusta", explicó.

 

La seguridad alimentaria es un problema que requiere atención inmediata de las autoridades, organizaciones no gubernamentales y la comunidad internacional. "En Honduras hay disponibilidad de alimentos, pero el acceso económico es el problema", señaló la titular del OBSAN, quien urgía al gobierno a revisar la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional vigente desde 2018.

 

En un año electoral, las propuestas para el sector agrícola brillan por su ausencia, según el ingeniero Chacón, quien hizo un llamado a los candidatos para que incluyan soluciones concretas en sus agendas.

 

Abordar la inseguridad alimentaria en Honduras requiere estrategias integrales que combinen políticas de desarrollo sostenible, fortalecimiento de la resiliencia comunitaria y una mayor inversión en infraestructura agrícola y social. Sin estos cambios estructurales, el país continuará atrapado en un ciclo de pobreza y vulnerabilidad creciente, con los sectores más desfavorecidos como principales víctimas.

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